25 de agosto 2003 - 00:00

Admitió Ibarra desde temprano el ballottage

Tan distendido quiso mostrarse Aníbal Ibarra ayer, día electoral, que hasta mostró a los periodistas cómo abre la manguera de su casa para regar el césped.

El jefe de gobierno porteño, como lo hace en cada elección, invitó a un desayuno en su vivienda de Villa Ortúzar, tras los paredones del hospital Tornú, en la Capital Federal. Lo distinto para la ocasión es que amplió ese hogar con la adquisición de la casa lindera que transformó en parque, quincho y un salón para la mesa de ping-pong y sorprendió a los cronistas que habían ido por última vez al lugar en las elecciones de 2000.

Por eso Ibarra se distrajo en la exhibición arquitectónica, de rústico buen gusto, y dejó salir el agua para que apreciaran los presentes, cómo emite lluvia durante las noches para humedecer el gramillón, algunos corales y enredaderas.

La invitación fue para las diez de la mañana y a partir de entonces un grupito de vecinos mayores se juntó en la puerta de la calle Campillo, para esperar que a las 11 saliera caminando a emitir su voto y aplaudirlo.

• Aspiración

Detrás del portón de chapa -acceso a la entrada de la casa-, además de periodistas y camarógrafos, rodeaban a Ibarra algunos colaboradores y el jefe de campaña Carlos Campolongo, quien se detuvo a halagar el sol «peronista» como un presagio.

A esa hora, entre jugos y masitas, el pronóstico electoral del ibarrismo aspiraba llegar al ballottage con un punto debajo de Mauricio Macri.

Ibarra, de pantalón de corderoy celeste claro y chaleco negro, no prestaba atención a esas especulaciones y ponía su mejor sonrisa para las cámaras de TV, a las que apelará intensivamente durante los 15 días que esperan para la segunda vuelta.

En cambio, en ronda con Campolongo, a esa hora candidato a legislador porteño en el renglón 19 de la boleta electoral, la preocupación iba en otro sentido.
Las noticias del cuarto oscuro daban que en la larga hilera de boletas, acomodadas sobre los pupitres de las aulas, estaba más a mano de la puerta la lista que encabezó Jorge Giorno como candidato a legislador con la fórmula Ibarra-Telerman, que no era la boleta oficial de Fuerza Porteña sino una extra. Eso, creían haría arrimar más diputados porteños al extracandidato que a los propios de Ibarra, cuenta que mortificaba al jefe de campaña por la suerte que correría en el reparto, teniendo en cuenta que, además, hubo otra lista distinta con la fórmula oficialista de la Capital Federal.

• Primer tiempo

«Vamos a esperar que termine esta nueva etapa y termine el ballottage», dijo Ibarra a las radios cuando llegó a votar a la mesa 4.767 de la escuela Enrique De Vedia, ubicada en Combatientes de Malvinas 3234, a cuatro cuadras de su casa, pasadas las 11.20.

«Este sería un primer tiempo y, después, empieza el segundo, que es el definitivo»
, completó con metáfora futbolera para no ser menos que su principal rival, Mauricio Macri.

«Es necesario hablarles a todos los votantes que nos acompañaron y a los que no, porque lo importante es seguir juntando apoyos que expresen a todos y, si no, a la gran mayoría»
, explicó para referirse a la segunda vuelta programada para el 14 de setiembre y en sintonía las conversaciones que la noche anterior había tenido en su casa con un grupo selecto de invitados colaboradores. Ibarra esa noche del sábado hizo el asado y se quedó hasta la madrugada para plasmar la idea de una segunda campaña que apunte a conseguir los votos que obtuviera Patricia Bullrich, público de clase media, centro y centroderecha, ya que los de Luis Zamora, piensan, se correrían espontáneamente contra Macri.

Después del voto,
Ibarra repitió el menú de la noche anterior junto a sus dos hijos y a las cuatro de la tarde comenzó a prepararse para ir al Hotel Hilton, donde el ibarrismo esperó los resultados electorales. Antes, se aseguró de tener a disposición todos los boca de urna posibles, que le daban tanto perdedor como ganador, mientras lo vencía la ansiedad.

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