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En la cumbre de Bolivia, Kirchner no habló con José María Aznar, el presidente del gobierno español y verdadero aval de Latinoamérica ante Europa. Además, increpó duramente a Enrique Iglesias, el titular del BID y también uruguayo, que brindó la primera renovación sin exigencias de un crédito a la Argentina en un momento crucial el año pasado y que, por ello, fue condecorado y agasajado por el ex presidente Eduardo Duhalde.
En la misma cumbre hispanoamericana, el actual presidente argentino recibió, aconsejó y prometió ayudar al dirigente indígena Evo Morales, que quiere crear nuevas formas democráticas en su país (pretende implantar una «democracia comunal», y nadie cree que este dirigente, que perdió la última elección en ballottage, se esté refiriendo a los cantones suizos, que son casi una perfección de democracia directa). Claro, cabe pensar qué dirá sobre la intromisión de un país vecino en el suyo el actual mandatario de Bolivia, Carlos Mesa, que el 17 de octubre pasado asumió tras los disturbios que dejaron 80 muertos y provocaron el alejamiento del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
Es peligroso incursionar políticamente en Bolivia desde afuera y sin mucha meditación previa, porque es bastante lógico que Evo Morales piense que, si desde su lado se aportaron 80 muertos para desplazar a Sánchez de Lozada, no le habría correspondido asumir a quien era su vicepresidente. Pero no es una acción democrática proponer, aunque así sean las circunstancias, tomas de poder mediante golpes anticonstitucionales civiles, que es la nueva variante anticonstitucional latinoamericana. Ocurrió el 20 de diciembre contra Fernando de la Rúa. Se intentó contra Hugo Chávez en Venezuela y ahora suena en Bolivia.
El mandatario argentino, como bien dice Ricardo López Murphy, no debió jugarse así. Recibir a Morales estaría bien, desde ya, porque es una figura política. Lo recibieron y escucharon también el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y Lula Da Silva. Pero el entusiasmo adolescente de Kirchner avanzó más. No es correcto; debió medirse. Tampoco lo es que haya despreciado al mismo Kofi Annan por haber designado al argentino
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