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4 de enero 2002 - 00:00

Al cabo de una década, los bonaerenses toman revancha

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Las razones por las cuales Duhalde se rodeó principalmente de hombres de su provincia son diversas. La más evidente es que le agrada la subordinación de su entorno y ese requisito sólo lo cumple gente probada, que está desde hace tiempo a su lado. Es el caso de Graciela Giannettasio, de Aníbal Fernández, de Alfredo Atanasof y de Juan José Alvarez. Lo mismo cabe para el nuevo titular de la SIDE, Carlos Soria, aunque en su caso domine la ambigüedad: la dependencia duhaldista está matizada por su tributo a José Luis Manzano, que fue quien le consiguió el nuevo cargo el miércoles por la noche, comiendo en La Raya con José Pampuro, como informó este diario. Además simula ser bonaerense pero, en rigor, llegó a la provincia porque ya no encontraba lugar político en la suya, Río Negro.

Salvo el ministro de Trabajo, Atanasof, los demás de este subloque ya participaron de la gestión de Duhalde en la provincia. Lo mismo puede decirse de Jorge Remes, aunque en su caso no está garantizado que incline tan fácilmente la cabeza, como se demostró cuando dejó el Ministerio de Economía en La Plata en protesta por el alza de gasto público que acompañó el lanzamiento presidencial de Duhalde.



Esta imposibilidad de saltar la valla de las provincias lo obligó a Duhalde a ejercer una presión no del todo prolija sobre su partido para acceder a la primera magistratura: compuso una mayoría con la UCR bonaerense y sólo después se postuló ante el resto del peronismo. Si el procedimiento no fue el más ortodoxo, la complicidad de Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani fue aun más llamativa: prestaron los votos de su propio partido para desempatar la interna ajena.



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