Néstor Kirchner escucha a Romina Picolotti, que, flanqueada por Alberto Fernández,
volvió ayer a compartir un acto público -aunque puertas adentro- con el Presidente luego
de las denuncias que la pusieron al borde de la expulsión.
«Espero que esto que estoy firmando no toque ningún interés...» Néstor Kirchner sonrió, entrecerrando los ojos, un gesto típico, mezcla de picardía y malicia. A su lado, la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, festejó, en silencio, la ocurrencia como si se tratara de un respaldo íntimo hacia su figura. Acaso lo fue.
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A 40 días de su peor hora, momentos en que estuvo fuera del gobierno -porque quiso irse o porque Kirchner le había bajado el pulgar-, Picolotti se mostró ayer en un acto público, pero puertas adentro, con el patagónico tras las denuncias por supuesto desmanejo en su área.
De la mano de Alberto Fernández, su protector, Picolotti volvió a posar junto a Kirchner para anunciar emprendimientos de la secretaría en Córdoba. En ese marco, sin José Manuel de la Sota ni Juan Schiaretti, Kirchner deslizó un comentario para entendidos:
«Espero que no toque ningún interés», dijo transitando la frontera diminuta entre la broma y la proclama. El mensaje era claro: Kirchner, como Fernández, creen que la embestida mediática contra Picolotti fue el «vuelto» por una medida dictada por la funcionaria.
Más claro: el gobierno dice que la saga publicada por el monopolio «Clarín», material que -decían- estaba condensado en una «carpeta» presuntamente armada por un ex funcionario de Medio Ambiente, fue por una clausura contra la planta de Papel Prensa en la zona de Zárate-Campana.
De hecho, en las horas bravas del caso Picolotti, Kirchner emitió duras críticas -sin nombrarlo, claro- al Grupo «Clarín» y avanzó un paso más al colocar al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, como delegado del Estado en el directorio de Papel Prensa.
Aquella lectura, real o ficticia, es la que preservó a Picolotti en su cargo. En rigor, la secretaria de Medio Ambiente fue la única funcionaria en los últimos tres meses que apareció sospechada y no fue alejada de su cargo. Ni Felisa Miceli ni Claudio Uberti, por caso, tuvieron esa fortuna.
Regreso
Esa particularidad parece, por ahora, ayudar a Picolotti, aunque su principal blindaje se lo aporta la pertenencia interna en el planeta K: la cordobesa, que padeció su primer año de gestión en medio del escándalo de las contrataciones, es una protegida de Alberto Fernández.
Ahora, Picolotti va por la revancha: para tratar de borrar la imagen nublosa que dejaron las denuncias, la secretaria planea una fuerte embestida de gestión, pero también política, en varios frentes que comenzó ayer con la clausura parcial de la empresa Firestone.
No será el último caso: según lo programado por el despacho de Picolotti, en lo sucesivo la Secretaría de Medio Ambiente ejecutaría varias acciones en esa misma dirección. «Una acción clara y fuerte», dicen cerca de la funcionaria, ahora más tranquilos, casi convencidos de que su permanencia no tiene plazo fijo.
Por las dudas, por la noche, la funcionaria pasó por el Luna Park, donde Cristina Fernández encabezó, junto con Julio Cobos, el acto de lanzamiento formal de la fórmula K para el 28 de octubre.
Con tono festivo -a pesar de que en la Casa Rosada, lejos de Alberto F., se afirma que la permanencia de Picolotti termina el 10 de diciembre-, ayer celebraron la firmaque encabezó Kirchner: un sistema integral para oxigenar el cordobés dique San Roque.
Una metáfora, podrá pensar algún desalmado, sobre el regreso de «la Picolotti», cuyo escándalo, además de ser -siempre según lo que creen en la Casa Rosada- un «golpe» de «Clarín», parece un dato menor, anecdótico, infantil, al lado del affaire del valijazo de Uberti.
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