25 de agosto 2003 - 00:00

Bochornosa demora en difundir los datos

La mayoritaria decisión de los porteños de concurrir a votar a última hora provocó anoche un retraso en el escrutinio provisional que no se recuerda, desde que siendo ministro José Luis Manzano y su segunda Adelina de Viola (en 1991), se colgó el sistema informático y recién después de la medianoche se tuvo resultados parciales. Nadie quería ayer ser autoridad de mesa; los $ 50 devaluados que ofreció Néstor Kirchner sedujeron a muy pocos. «Pobres, pero dignas» se ofendían anoche provectas señoras del Barrio Norte que, como se sabe, es uno de los más poblados de la Capital Federal. Hasta el ministro del Interior, Aníbal Fernández, salió a dar explicaciones, anoche pasadas las 21.30, explicando que la cantidad de boletas y diversidad de listas hizo tan lento el recuento como para justifi-carlo. El director nacional electoral, Alejandro Tullio, debió salir a explicar el por qué de la poco comprensible demora. El caso es que el Código Nacional Electoral taxativamente dice que mientras haya ciudadanos votando no se puede iniciar el recuento de los votos. El razonamiento del legislador en su momento expresó que al trascender resultados -provisorios o no-se influye en el ánimo del que aún no ha votado. De allí que Tullio aclarara que recién comenzaría el escrutinio provisorio cuando votara el último porteño. Y éstos habían decidido aprovechar el día feriado, frío y soleado, para el «dolce far niente», concurriendo a votar a última hora. Esto provocó largas y lentas colas ante cada mesa, que alargaron la hora del cierre que debía hacerse a las 18 y recién se pudo concretar casi a las 20.

También atentó contra el desánimo mañanero de los votantes la demora en habilitarse las mesas. Fueron numerosos los locales donde faltaron todos o parte de las autoridades designadas. Un caso conocido es el del colegio Lenguas Vivas. El fenómeno no es nuevo. En las elecciones presidenciales del 27 de abril el gobierno de Eduardo Duhalde se comprometió a pagar $ 100 a cada presidente de mesa para asegurarse de que estuvieran en cada mesa habilitada. Esta vez, sin conocerse las razones que seguramente habrán esgrimido Roberto Lavagna y Oscar Tangelson desde el Palacio de Hacienda, sólo se ofrecieron módicos $ 50 por cada presidente de mesa. Algo así como $ 340.000 para asegurarse cancerberos en las 6.800 mesas, incluyendo las 56 de extranjeros. Y el faltazo fue notable. Más aún cuando muchos advirtieron que, ante la ausencia sin aviso, el primer votante que aparecía lo sentaban y lo investían de autoridad electoral. Todos mudaron de horario para la tarde, con el resultado conocido.

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