Anoche, creyendo ya que no le traería ningún costo, Néstor Kirchner se reunió con el bloque de diputados oficialistas. Los desairó durante cuatro años y medio, temeroso de que mostrarse con ellos perjudicase su imagen. Los agravió cuando decía que él no negociaba con corporaciones o que no tenía tiempo para atenderlos. Anoche, les dio de comer en una parrilla de la Costanera porteña y pronunció un discurso que hizo pasar por "Canal 7" con reproches a la prensa y a la oposición. Sobreactuó el peronismo al retar a los legisladores que, dio a entender, sienten vergüenza de su militancia,cuando este presidente eludió identificarse con los símbolos partidarios. Quizá cree Kirchner que necesita de estos diputados, aun los que dejan la banca, para ensayar un armado partidario, y buscó con esta invitación reclutar adhesiones.
La despedida fue en un
restorán de la costanera:
Agustín Rossi, en
nombre del bloque
oficialista, le entregó
una bandeja de plata
a Néstor Kirchner, a
menos de un mes
de dejar la presidencia.
Alberto Balestrini,
Patricia Vaca Narvaja
y Patricia Fadel
festejaban.
Néstor Kirchner recibió anoche por primera vez en cuatro años y medio a los legisladores del peronismo oficialista, a quienes eludió con el argumento de que no tenía tiempo para ellos, que le podían significar algún costo en imagen o que no negociaba con corporaciones.
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Fue en el restorán Rodizio de la Costanera porteña, adonde convocó a los diputados nacionales para que escuchasen un agrio discurso en el cual repasó las leyes aprobadas desde 2003 y cargó de nuevo -como si estuviera de campaña-contra sus adversarios imaginarios. Primero de todos, contra la prensa, a la que calificó de «lugares mediáticos» que pretenden que los peronistas declinen sus convicciones.
También se rió de los derrotados en las últimas elecciones. «Deberían tener alguna humildad los que perdieron. Si somos tan malos, ¿cómo es que nos votaron?, ¿cómo es que ganamos por 23 puntos?»
La presencia del presidente saliente ante las 10 mesas con doce comensales cada una que se tendieron en un salón privado de esa parrilla de propiedad de una empresa brasileña fue anunciada desde temprano. Para asegurarle difusión al mensaje que dio el Presidente, se lo transmitió por «Canal 7». Fue a la misma hora cuando su esposa Cristina de Kirchner hablaba en el hotel Hilton antes empresarios de informática, lo que fue transmitido apenas por una señal de cable.
Kirchner no quiso despedirse sin darle un tono peronista. Casi enseguida de anunciar que la desocupación se ubicó en octubre en 7,4%, arrancó con una reivindicación partidaria: «Nosotros los peronistas tenemos en cuenta nuestra reponsabilidad histórica, vamos a seguir construyendo justicia social, dignidady un proyecto policlasista». Todo arrancaba aplausos, a los que se sumaron Héctor Recalde y Dante Dovena, y preparaba para el gran final con todos los diputados de pie cantando la marchita.
Presencias
«Nuestros hermanos son los trabajadores y queremos empresarios comprometidos con el proyecto de país, juntos sabemos que hay muchos intereses», dijo mientras desde la mesa principal lo seguían Agustín Rossi, Alberto Balestrini, Patricia Vaca Narvaja, Eduardo Fellner, Carlos Kunkel, Carlos «Cuto» Moreno, Oscar Parrilli y Patricia Fadel.
«No me voy de la vida política. Presidentees un tiempo de la historia, militante es toda la vida», dijo antes de continuar sus ataques contra la oposición con alusiones como «Nosotros no somos populistas, somos populares».
Recuperada del porrazo que se dio a la entrada, de noviembre de 2007 Araceli Méndez de Ferreira aplaudía a rabiar, igual que Juliana Di Tullio, que también tuvo la desgracia de perder un zapato en medio del salón, justo cuando el resto de sus compañeros disfrutaba de daiquiris y sushi que el restorán había preparado para la entrada.
La plaqueta que los diputados entregaron a Kirchner fue toda una definición de lo que será ese bloque en el futuro: «Bloque Frente para la Victoria-PJ», estaba firmada, sin mezclarse con sus socios del Peronismo Federal, que no habían sido invitados.
Sólo en reuniones secretas y extraoficiales, Kirchner había atendido hasta ahora a sus diputados, a quienes amordazó durante sus cuatro años de gobierno y los redujo a algo similar a una escribanía donde simplemente se rubricaban sus decisiones inapelables. Mandó, junto a su esposa Cristina, a votar la polémica ley de reforma del Consejo de la Magistratura que le otorgó al oficialismo poder de veto en la designación y remoción de los jueces, y se encargó también de captar en el despacho del jefe de Gabinete Alberto Fernández voluntades políticas opositoras, como el recordado caso del ex macrista Eduardo Lorenzo Borocotó y el salteño renovador Andrés Zottos, entre otros.
El rechazo de Kirchner a la Cámara de Diputados se reflejó también a través de los permanentes desplantes del jefe de ministros, quien eludió sistemáticamente su obligación constitucional de brindar informes bimestrales ante el Congreso.
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