El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Kirchner y Solá consiguieron reclutar, a fuerza de métodos bastante tradicionales, a 61 intendentes para que apoyen sus pretensiones. Esas adhesiones se manifestaron en reuniones, llamados telefónicos, notas más o menos consentidas en los diarios. La prueba de que esos alcaldes adhirieron a la postura de Kirchner (más que a la de Solá) la aporta el propio duhaldismo: toda la fuerza de este sector está radicada hoy en la tercera sección electoral, la del propio Duhalde. En el resto de la provincia el ex presidente encuentra demasiadas dificultades para conseguir el ejército que lo acompañe a una eventual batalla.
Pero la gran habilidad de Duhalde ha sido siempre compensar su fragilidad política con el aprovechamiento extremo de las reglas de juego. A Carlos Menem se lo demostró dos veces: primero, cuando lo amenazó con un plebiscito bonaerense anticipado del que iba a realizarse en la escala nacional y, después, cuando prohibió la interna del PJ y provocó deliberadamente el ballottage en favor de Néstor Kirchner (vaya a saber qué piensa hoy el matrimonio de Lomas cuando recuerda esta faena, a la luz de sus resultados actuales).
• El primero de ellos es el desdoblamiento electoral. A pesar de que el juez Blanco anuló el lapso que separaría la presentación de listas provinciales de las nacionales, Duhalde insistió en oficializar sus listas en dos tramos. De este modo, no sólo podría hacer una demostración de fuerza provincial ante Solá para después enfrentar o negociar con Kirchner. También provocaría otra circunstancia complicada en el campo adversario. Si el Presidente se sometiera a la resolución de Blanco -como de hecho sucede-, debería presentar los candidatos provinciales y nacionales mañana. Es decir: debería inscribir a Cristina sin tener atado un acuerdo con Duhalde. ¿Kirchner está en condiciones de hacer esta jugada? ¿Acepta su esposa ser la candidata de una fuerza que sólo expresa a una parte del peronismo? ¿Está dispuesta la senadora a recorrer una provincia ajena exponiéndose a un tratamiento agresivo de parte de dirigentes de su propio partido? Si es por lo que deja trascender el gobierno, sí. La representante por Santa Cruz se presentará como candidata a senadora por Buenos Aires con independencia del grado de adhesión que preste el duhaldismo. ¿O se trata sólo de una «compadrada», es decir, la asunción de un riesgo enorme, que necesariamente será corregido por una negociación de última hora que se cree segura? De lo contrario, hasta cabe pensar en una retirada de Cristina, al menos provisoria, aprovechando (como los duhaldistas) la flexibilidad del calendario.
Dejá tu comentario