Dos caras de la sesión de ayer: en su banca, displicente con su habano, Carlos Ruckauf espera la votación de las nuevas leyes. En uno de los palcos, seguidores de Juan Carlos Blumberg alientan a los legisladores a cerrar el debate.
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Ahora, desde los despachos mayores de la provincia le encomendaron a Basile la defensa del grupo frente a lo que, se supone, es un avance cada vez más agresivo de la Casa Rosada sobre el principal distrito del país. El argumento central fue expuesto por este diputado ayer a este diario en un aparte de la sesión sobre seguridad que realizó la Cámara.
Reducido a su esqueleto informativo, reza así: la provincia de Buenos Aires no puede prestar más servicios a sus habitantes por la discriminación a la que se la somete en el reparto de recursos coparticipables; aun así, con los fondos que captura, exhibe índices de delincuencia mucho menores que los de otros distritos importantes. En el extremo, Basile diría que el aparato de seguridad bonaerense es más eficiente que el de otras provincias, si se lo examina en comparación con los recursos que se le asignan. Las cifras del teorema de Basile merecen atención por su importancia política: al calor del caso Blumberg, los bonaerenses entran con ellas en el debate sobre la coparticipación federal que se le viene prometiendo al fondo desde hace años.
En su fervor bonaerense, este diputado de Las Flores tocó un cable de alta tensión: el que une la duhaldista Buenos Aires con la kirchnerista Santa Cruz a través de un aporte especial que se transfiere con el pago de la energía bonaerense.
Oigamos el planteo de Basile: «¿Qué sucedería si mañana les hacemos notar a los habitantes de mi provincia que con la boleta de la luz financian obras de infraestructura en provincias que tienen fondos cuantiosos depositados en el exterior?».
Después de exponer estas cifras, que se convertirán con los días en el catecismo de los dirigentes bonaerenses frente a los reclamos de la Casa Rosada, Basile desafió a los diputados de otras provincias con estadísticas de seguridad: «Ahora invito a mis colegas a repasar las últimas estadísticas que elaboró el Ministerio de Justicia y Seguridad para relevar los niveles de delincuencia que hay en cada jurisdicción. Y podrán ver que los bonaerenses no somos la lacra que se supone. Si observamos la tasa de delito por cada 100.000 habitantes, veremos que en casi todos los rubros, la provincia de Buenos Aires es superada por otros distritos ampliamente. En delito contra las personas esa tasa es de 399; en Mendoza es de 1.252; en la Ciudad de Buenos Aires es de 771, y en Córdoba, de 719. Si miramos la cantidad de delitos contra la libertad, que incluye los secuestros, la tasa bonaerense es de 237; la de la Ciudad de Buenos Aires, de 509, y la de Córdoba, 442. Cuando se pone la lupa en el rubro delitos contra la propiedad sucede lo mismo: cada 100.000 habitantes, en mi provincia hay 1.765 delitos; en Mendoza, 4.409; en la Ciudad de Buenos Aires, 4.747, y en Córdoba, 3.237». Con estas cifras Basile completó su teorema, según el cual, confrontados recursos con rendimientos, la provincia de Buenos Aires es la que con más eficiencia viene manejándose en materia de seguridad, en comparación con distritos como la Capital Federal (atención Gustavo Béliz). Una mirada maliciosa podría reducir la tesis del teorema de Basile a un doble eslogan: «Maldita coparticipación, bendita policía». Pero la audacia de este legislador, aunque reconocida, no llegó a tanto, por lo menos ayer.
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