El gobierno tomó ayer como una buena noticia, pero con prudencia, y como un mensaje particular hacia la Presidente, el nombramiento de Gonzalo Fernández, hasta ahora secretario general de la Presidencia como canciller uruguayo, en reemplazo de Reynaldo Gargano, que a esta altura sólo tenía una mala y casi irreversible relación con el país. Se trata del único funcionario uruguayo, que en los peores momentos del conflicto por la instalación de Botnia en Fray Bentos (incluso cuando la tensión era personal y directa entre Vázquez y Néstor Kirchner), mantuvo el diálogo directo con la Argentina. Puntualmente, Fernández habló permanentemente y de manera directa, con el jefe de Gabinete argentino, Alberto Fernández.
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La visión desde Buenos Aires, compartida tanto desde la jefatura de Gabinete como desde la Cancillería de Jorge Taiana, es que ahora Montevideo mantendrá un diálogo más directo y casi sin menciones a Botnia; y que se esperará a que sea el Tribunal de La Haya el que termine por definir el conflicto. Esto sucederá a fines de este año o comienzos del 2009, pero mientras tanto se espera también desde la Argentina, que tampoco haya más menciones públicas condenando los cortes de rutas en Gualeguaychú y Colón, bajo la amenaza de llevar nuevamente el tema ante los tribunales del Mercosur. Mucho menos creen en Buenos Aires, que se insistirá desde Montevideo con la teoría de comparar el bloqueo cubano con los cortes de Entre Ríos; tesis defendida por Reynaldo Gargano y que cada tanto desempolvaba Vázquez.
Ayer hubo dos conversaciones del próximo canciller, una con Alberto Fernández y otra con Taiana. En ambos casos fueron los argentinos los que llamaron, y en ninguna de las comunicaciones se mencionó el tema Botnia.
Larga relación
El nuevo ministro de Relaciones Exteriores uruguayo es un colaborador personal de Vázquez desde hace décadas. Se lo presentó durante la década de los '90 Azucena Berrutti, la secretaria general de la Municipalidad de Montevideo, en los años en los que el actual presidente era alcalde, Inmediatamente Fernández comenzó a trabajar con Vázquez, en una relación que avanzó más allá de lo político dentro del Frente Grande. El ahora canciller, abogado penalista de profesión,fue asesor legal de la clínica oncológica de Vázquez en Montevideo. Antes, Fernández, tuvo una importante militancia en el Partido Socialista uruguayo, al que se afilió en 1985 y accedió a su Comité Ejecutivo; cargo que abandonó en 2003, cuando desde adentro del partido se lo criticó por defender al banquero Jorge Peirano Basso, acusado de estafa en el Banco de Montevideo.
La relación política y personal de los Fernández argentino y uruguayo entre sí data de octubre de 2004. A comienzos de ese mes, el Fernández del país vecino habló con Alberto Fernández, que ya actuaba como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, para instrumentar la forma más rápida y ejecutiva de poder facilitar el cruce del Río de la Plata para que la mayor cantidad posible de uruguayos quieran ir a votar a su país el 31 de octubre de 2004.
Tabaré Vázquez sabía que la mayoría de los uruguayos residentes en la Argentina eran simpatizantes del Frente Amplio, y que necesitaba de la mayor cantidad posible de esos votos para poder llegar a la presidencia. Desde Buenos Aires se dispusieron entonces todas las facilidades posibles para que pueda haber servicios fluviales y terrestres extras, en un operativo que tuvo a Alberto Fernández como interlocutor del Frente Amplio. El propio Tabaré Vázquez en su discurso de asunción agradeció a la Argentina y desde ese momento se entabló un diálogo personal entre los dos funcionarios cuando el Fernández uruguayo se estableció en la secretaría General de la presidencia.
La comunicación fue la normal, hasta que el 11 de marzo de 2006, durante la asunción de Michelle Bachelet como presidente de Chile, y a instancias de Kirchner, los Fernández negociaron una suspensión de las obras de Botnia por 60 días, algo que finalmente no se cumplió, pero que sirvió para que hubiera un diálogo entre los dos funcionarios.
Ambos fueron los organizadores de la cumbre de Colonia del 28 de agosto de 2007, donde a la reunión también asistió el canciller Taiana, se acordó que Vázquez no firmara la autorización para el comienzo de las operaciones de Botnia hasta después de las elecciones del 28 de octubre del año pasado, para salvar a Cristina de Kirchner de tener que dar explicaciones políticas sobre el porqué del inicio de la producción de la pastera. Vázquez, esta vez, cumplió su palabra, y Botnia, ya lista, esperó hasta noviembre para comenzar a operar.
Más allá de la cercanía de Fernández con el jefe de Gabinete argentino, la relación local con Reynaldo Gargano, el canciller saliente, estaba más que desgastada. El ministro de Relaciones Exteriores fue la cara visible de la defensa de la radicación de Botnia en Uruguay, tanto hacia dentro como fuera del estado vecino. Fue además quien permanentemente defendió en las cumbres y foros regionales la instalación de la pastera en Fray Bentos, y varias veces desde la Cancillería se lo acusó de utilizar estos ámbitos para la introducción del tema, cuando la cuestión a discutir no eran las papeleras. Incluso desde Buenos Aires se lo señaló como una especie de instigador ante Luiz Inacio Lula da Silva, vía el canciller Celso Amorim, para poner en contra de la Argentina a Brasil en el tema papeleras, cuando el acuerdo verbal no implícito era mantener el conflicto por las pasteras como un problema binacional y no regional.
Cuestionador
Como buen antecedente, la Argentina identificó también a Gargano, a diferencia del ministro de Economía Danilo Astori y del de Industria Jorge Lepra, como el principal cuestionador del gobierno de Vázquez ante un posible acercamiento a los Estados Unidos para avanzar en algún acuerdo de flexibilización comercial que inevitablemente corrompería las estructuras del Mercosur, al menos para la visión de la Argentina.
Gargano y además del ex tupamaro y hasta ahora ministro de Agricultura Pepe Mujica, amenazaban con renunciar si avanzaba una acuerdo comercial entre Uruguay y Estados Unidos. Paradójicamente, y por ahora, uno de los defensores de esta posibilidad, Astori, es uno de los pocos que permanece en el gabinete de Vázquez, ya sin oposiciones a eventuales gestiones con Estados Unidos.
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