El actual jefe de la Ciudad, Aníbal Ibarra, insistió ayer con un decreto que el 8 de junio se elegirá nuevo jefe de la Ciudad de Buenos Aires, algo que había anulado el día anterior la jueza electoral Servini de Cubría. Ibarra no quiso quedar pegado a la maniobra del actual jefe de la SIDE, Miguel Angel Toma, que gestionó esa postergación porque confía en que si Carlos Menem gana la presidencia de la Nación el 27 de abril o el 18 de mayo (segunda vuelta) le serviría para presionar a Mauricio Macri para que le abra la lista y asegurarse alguna chance de diputado, por lo menos. Macri no quiere porque con la independencia actual le basta para ganar la elección a jefe de Gobierno de la Capital Federal. Ibarra, además, teme que si Daniel Scioli fracasa como candidato a vicepresidente con Néstor Kirchner se vuelque a la Capital, que tal vez haga lo mismo Ricardo López Murphy (según encuestas serias encabezaría la intención de voto a presidente en este distrito) y que se fortalezca Luis Zamora, sacándole electorado de izquierda. Ibarra considera que si no se eligen, simultáneamente, diputados nacionales como estaba programado, puede disponer la fecha exclusivamente para la elección local sin que pueda intervenir la jueza Servini de Cubría.
Ibarra necesitaba una salida para no quedar como socio de Toma en la picardía de la postergación, ya que existían dudas al menos de que el frentista tenía conocimiento de lo que iba a suceder el lunes, es decir, de la resolución judicial que estaba por salir horas antes de que corriera el vencimiento del plazo para la presentación de alianzas.
A la mañana,
Para explicar eso y dejar la duda sobre la complicidad de
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