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17 de agosto 2007 - 00:00

Carrió, de campaña desde los tribunales

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Elisa Carrió
Una larga caminata y, más tarde, horas de encierro con su abogada, Mariana Stillman, y los diputados Marcela Rodríguez y Adrián Pérez, fueron la «concentración» de Elisa Carrió antes de enfrentar hoy los tribunales y un juicio que reestrena, forzada, su campaña presidencial.

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El episodio reúne los condimentos perfectos para un thriller político: una protagonista locuaz, dada a las acusaciones estridentes, un crimen irresuelto, un gobierno sospechado, un ministro nubloso y un empresario de, si se quiere, apellido «ilustre».

La novela no tiene, por ahora, «versión rosa». Ante el juez Luis Schlegel, Carrió ratificará hoy sus acusaciones contra Héctor Antonio -hijo del dirigente peronista Jorge Antonio- y dueño de la empresa Pecafina, a quien vinculó con la muerte de Raúl Espinoza, un empresario del rubro.

Por esa razón, Antonio hijo la demandó por «calumnias e injurias». Por el mismo motivo también le iniciaron juicio el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el empresario español Fernando Alvarez Castellanos, otro actor del sector pesquero.

  • Otras reglas

  • Hasta aquí los datos puros, fríos. En adelante, comienzan a intervenir otras reglas. A saber:

  • En los hechos, la sumatoria de juicios pone a Carrió -a mediano plazo- ante la posibilidad de ir a prisión. «Con unas cremas, unos libros y la comunión diaria en (la cárcel de) Ezeiza no tengo problemas», se permitió ironizar, ayer, la jefa del ARI. Pero, en los hechos, aunque éste sea un juicio abreviado -ayer se manejaba como opción que hoy mismo se hagan alegatos y descargosdifícilmente antes de las elecciones de octubre sobre Carrió podría haber una sentencia firme (ante el supuesto de que Schlegel la condene) porque los otros dos juicios -el de De Vido y el de Alvarez Castellanosrecién estarían en curso, con suerte, para fin de año.

  • El gobierno, ante esa situación, se escondió en el silencio. Tiene todo, o casi todo, para perder: a pesar de que Carrió interpreta, luego de sondear con gente de derecho, que Schlegel es un «buen juez» que «llevó con corrección la causa», una eventual sentencia dejaría al magistrado en el ojo de las críticas y, claro está, permitiría especular con que el gobierno digitó la investigación y la causa. No hay peor medicina para un gobierno que aparece bombardeado de sospechas de corrupción que tener opositor condenado por denunciar supuestos hechos de corrupción.

  • A su vez, para Carrió -que aparece segunda en la mayoría de las encuestas, aunque lejos de Cristina-no es una mala plataforma para regresar a la vidriera, montada en uno de sus temas preferidos y más taquilleros. «Se trata de una persecución de empresarios y ministros del poder. No se trata de una persecución judicial. El juez está cumpliendo con su deber», dijo Carrió, por radio. Luego se dedicó a caminar, a rezar y más tarde se enclaustró en su departamento para preparar su declaración de hoy, adonde concurrirá acompañada por dirigentes que le expresaron su solidaridad. En el ARI contaron ayer que recibieron «más de mil mails» manifestando apoyo y ganas de acompañar a la dirigente hasta los tribunales.   

  • «Vamos a jugar a suerte y verdad», decían, ayer, cerca de la candidata del ARI quien, contaban, estaba «tranquila y segura» para enfrentar la indagatoria a la que, según lo previsto, será sometida hoy por el juez Schlegel. ¿Especula Carrió que Antonio, quizás a sugerencia de algún hombre del gobierno, opte por desistir en su juicio? Todo es probable: digno de en un thriller gaucho.
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