El cardenal Jorge Bergoglio participará hoy en la Plaza de Mayo de un acto sobre educación junto con Jorge Telerman y Mauricio Macri. Es la primera aparición del primado luego de que interviniese, como se cuenta a continuación, del pacto Telerman-Carrió.
Jorge Bergoglio escuchó, atento y en silencio, las palabras de su visitante, que luego despidió con lo mucho o poco que, en boca del cardenal, pesa una promesa. «Voy a ver qué puedo hacer», fue la frase que, tres semanas atrás, escuchó Jorge Telerman.
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Unos días más tarde, Bergoglio marcó el teléfono del jefe de Gobierno -jesuita al fin, el purpurado suele prescindir de hábitos mundanos como los secretarios- y sin vueltas ni detalles dejó caer una oración. «Jorge: hice lo que tenía que hacer».
Pasadas unas horas, Telerman entraba al departamento de Elisa Carrió en Santa Fe y Paraná para anudar la matriz de un hasta ese momento improbable acuerdo político que luego se coronó con el pacto que ubicó a Enrique Olivera como candidato a vice de Telerman.
Otra vez, como en Misiones, donde incluso contra la voluntad del Vaticano patrocinó la aventura del obispo Joaquín Piña contra Carlos Rovira, Bergoglio intervino como «pastor» de la unidad. Como en aquel caso, auspició una unidad parcial: contra Néstor Kirchner.
Una lluvia de números empujó a Telerman detrás de la mediación cardenalicia: la tenue pero persistente recuperación de Daniel Filmus le hacía temer una paridad con el candidato de Kirchner que, curiosamente, no incluye la imagen del Presidente en sus afiches.
Incógnita al pasar: ¿la ausencia absolutade la imagen de Kirchner en la campaña gráfica de la Capital otorga verosimilitud a la leyenda urbana que sostiene que entre los votantes porteños el Presidente espanta más voluntades que las que seduce?
En una encrucijada, con encuestas en la mano, Telerman terminó de reconocer que el ARI acumulaba 6 puntos de intención de voto en la Ciudad que se le escurrían peligrosamente a él y que, en las proyecciones, permitían que Filmus acorte diferencias y se arrime al ballottage.
Telerman bis
De allí, con Bergoglio como celestino, se desencadenó la película que derivará, si las urnas de junio lo apoyan, en una especie de cogobierno entre Telerman y el ARI con Olivera convertido en un vice con tareas ejecutivas y varios aristas en el gabinete porteño.
En su temporada de escolta de Aníbal Ibarra, Telerman ejercitó una función como la que planea para Olivera en el futuro. Se trata, en rigor, de un aprendizaje que a Ibarra le transmitió Chacho Alvarez cuando se imaginaba como el copresidente de Fernando de la Rúa. Fue un subvicepresidente.
Las dos historias que sirven de antecedente, la de Ibarra-Telerman y la de De la Rúa-Chacho, no aportan finales felices. Sin embargo, Telerman -que fue en paralelo vicejefe y responsable de políticas socialesle prometió a Carrió que Olivera no será papel pintado.
El rol ejecutivo de Olivera, hombre de probado ejercicio confesional -su hermano, Bernardo, es monje trapense-supondría un avance del ARI y, en consecuencia, forzaría algunos movimientos dentro del telermanismo para un eventual segundo mandato.
Telerman logró que, al menos en el libreto oficial, el acuerdo con el ARI se circunscriba a la Capital cuando Carrió pretendía que exista, expresamente, un respaldo mutuo. A cambio Telerman promete espacios a aristas, lo que, por extensión, clausuró cualquier sintonía con sectores del kirchnerismo -Barrios de Pie o Compromiso Porteño-y generó, además, recelos entre los peronistas que apenas lograron la inclusión de Helio Rebot, líbero que opera bajo el paraguas del Desafío Bicentenario, en el quinto escalón cuando, en el diseño original, el peronismo fantaseaba con tener una colectora propia colgada de Telerman. Los telermanistas que se dicen PJ -Schiavi, Enrique Rodríguez, Horacio Lens, Sergio Beros y Alejandro Amor, abocado a pacificara gremialistas-deberán ahora contener a los punteros para que fiscalicen la elección. La clave quizá se visualice en los próximos días, cuando comience los nombramientos para llenar los casilleros dejados vacantes por los kirchneristas en fuga.
Como este diario relató el lunes, también se anticipan reacomodos en el ex ibarrismo que encarna Raúl Fernández, que quedó tercero en la boleta de legisladores pero perdería casilleros en el esquema global. Hay una razón: en las últimas semanas, Telerman le pidió más de una vez que salga a echar fuego contra Ibarra, pero el secretario general lo desoyó. Un costo de esa negativa sería que, vestido de reforma integral, Telerman desplazaría a Marcelo Vensentini del área de Medio Ambiente. Postulan para ese hueco futuro a Juan Manuel Velasco, legislador del Partido Verde, asociado a Telerman, que no logró lugar en las papeletas para renovar.
Curiosa lectura sobre la conformación de la lista de legisladores porteños, sobre todo en el punto referido a Gabriela Cerruti, que sonó para vice pero en el camino perdió toda la estructura piquetera -que fugó hacia Filmus-y el aval de Hebe de Bonafini, quien le había acercado a Telerman a varios caciques territoriales como Angel «Lito» Borello. Al fin, Cerruti encabeza la boleta: es un premio consuelo que algunos que decodifican a Telerman imaginan como una maniobra para desplazar a la multiministra de la zona de toma de decisiones. Algo, sin embargo, es cierto: Cerruti es una incondicional del jefe de Gobierno y como tal parece barro del mismo barro.
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