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5 de abril 2006 - 00:00

China no se ha liberado de la dictadura de Mao

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Dos expertos chinólogos, Jung Chang y Jon Halliday, han escrito una biografía revisionista de Mao Tsé Tung en la cual revelan no sólo lindezas de la conducta del creador de la China comunista. También exponen cómo su legado sigue vigente en la actual China, que parece adoptar instituciones de la economía de mercado, pero no de la democracia. Veamos un fragmento del reportaje que le hizo el diario madrileño «El País» a autores de esa biografía titulada «La vida privada de Mao».

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Periodista: ¿Cómo se hace comunista Mao?

Jung Chang: El manifestó que no creía en la Revolución de Octubre, la revolución soviética. Se convirtió al comunismo en 1920, cuando tenía casi 27 años. Y fue a parar al partido comunista porque estaba en el sitio adecuado en el momento adecuado y le dieron el trabajo adecuado, que fue estar en una tienda de libros que vendía literatura comunista. Y él era pobre, quería el trabajo y le gustaban los libros.

P.: ¿Quiere decir que no era el idealista que muchos creen?

J.Ch.: No. Ya en 1930 condenaba el concepto de igualdad. Pero en el Partido Comunista, desde 1927, trabajaba con el estalinismo. En la época en que Stalin enviaba gente a China para dirigir el Partido Comunista Chino, Mao se dio cuenta de que el estalinismo era lo suyo, le gustaba. Los rusos daban órdenes a los chinos comunistas como quemar y quemar; quemar las ciudades, quemar las casas, quemar a los campesinos y sus casas, y también matar, matar y matar. Esas eran las órdenes.

P.: Le gustaba Stalin...

J.Ch.: A él le gustaba el estalinismo, el estalinismo estaba bien para él, iba con él, con su carácter.

Jon Halliday: En cuanto al carácter, yo creo que Mao y Stalin tenían bastante en común. Pero sería un error pensar que eran el mismo tipo de persona. Stalin no era un idealista, pero en cierto modo, creía en el comunismo; Mao, no. Y por supuesto que también está el factor nacional, que es importante. Mao había leído muchísima literatura e historia china, pero no había leído mucho en un sentido más global. Sin embargo, ambos creían que el secreto del sistema comunista se debía a su propio talento y los dos eran muy buenos a la hora de manipular en secreto a un grupo pequeño de personas. Ninguno de los dos tenía el talento de un político democrático público, no se les daba muy bien pronunciar discursos y ganarse a la gente de esa manera. Pero sí los mecanismos que son clave para el comunismo; probablemente Mao era mejor con la propaganda que Stalin. Y por supuesto que ambos podían ser encantadores cuando querían serlo, a los dos se les daba bien tratar con líderes extranjeros, lo cual es extraño teniendo en cuenta que trabajaban en sistemas muy secretistas.

P.: ¿Por qué han tenido que pasar 30 años para desmitificar al personaje en Occidente? Con Hitler y Stalin no pasó tanto tiempo...

J.H. Siempre ha habido una especie de actitud reverencial hacia él, desde el momento en que murió. Muchos hombres de Estado, especialmente aquellos que le conocieron, se mostraban extremadamente respetuosos a la hora de hablar de él y algunos siguen siéndolo.

P.: ¿Qué me dice de la conducta de la izquierda, del romanticismo que suscitaba en la juventud europea de los sesenta y setenta? ¿Eramos ignorantes de lo que estaba sucediendo?

J.H.: La ignorancia es parte, sin duda. La gente de mi generación veía el comunismo y algunos realmente pensaban que Mao iba a liberalizar el comunismo de alguna manera. De las personas que yo conozco, ninguno de ellos sabía lo que estaba pasando en China, pero no hicieron ningún esfuerzo para enterarse, ni se preguntaron cuánta gente había sido asesinada o enviada a los Gulag.

J.Ch.: Yo creo que Mao era muy bueno a la hora de presentarse con una buena imagen. El fue periodista antes y sabía cómo manipular a la prensa, en especial a la prensa internacional. Todos los días leía la prensa. Se pasaba por lo menos dos horas diarias leyendo la prensa internacional y estaba bien informado y sabía cómo crear una buena imagen. Y dentro de la Banda de los Cuatro, dos de sus miembros eran básicamente escritores y su principal trabajo consistía en presentar las acciones de Mao con una visión ideológica.

P.: En China la situación era peor...

J.Ch.: Sí, claro, estaba peor informada. Los que tenían algún tipo de idea nueva eran aquellos que tenían acceso a la información del exterior, y me puedo poner a mí misma como ejemplo. Yo nací en 1952 y crecí en la China maoísta. Mao era nuestro Dios, le adorábamos; ése era el lavado de cerebro que habíamos sufrido. Y después empezó la Revolución Cultural y empezaron a pasar un montón de cosas horribles, y fue entonces cuando empecé a cuestionarme el régimen. Yo pensaba que si esto era el paraíso, entonces, ¿qué sería el infierno?

P.: ¿Se revisó en China la conducta de Mao?

J.Ch.: Tenía tanto miedo a ser derrocado y asesinado que ofreció un trato a la oposición liderada por Deng Xiaoping y les dijo: «Sé cuánto odiáis a Jiang Qing», porque Mao sabía que Jiang Qing estaba llena de veneno. Ella hizo cosas terribles para él durante la Revolución Cultural y todo el mundo la odiaba. Y Mao les dijo a los generales: «Podéis hacer lo que queráis con ella siempre que a mí me dejéis morir en mi cama. Esto demuestra cuánto temía por su vida».

P.: ¿Se terminó el legado de Mao en China?

J.Ch.: Cuando Mao murió y la Revolución Cultural terminó, a finales de los años setenta y principios de los ochenta, hubo una oportunidad de oro para acabar con el maoísmo. Había un país entero que quería librarse de su legado y del mandato comunista y llevar el país de una forma totalmente diferente.

P.:
El régimen sigue sin hacer una revisión crítica de lo que sucedió en Tiananmen.

J.Ch.: Sí, sin duda debe hacerlo pero más importante es revisar a Mao, porque lo que pasó en Tiananmen es un residuo del mandato de Mao. El día que el retrato de Mao sea retirado de la plaza de Tiananmen, ése será el día en que China empiece a cambiar de verdad.

P.: ¿Qué queda del maoísmo en la China de hoy? ¿Cuánto puede durar la dictadura?

J.H.: Puede durar 20 años, o 25, no lo sé. Yo creo que el principal legado del maoísmo es el monopolio del poder político. Y eso coincide con un tema muy fuerte en el comunismo y el maoísmo, y es que no puede haber ética, código moral independiente aparte del que establece el partido. El Partido Comunista no permite que existan otros partidos u organizaciones para competir por el poder y cuestionar la política que se está llevando a cabo y que se idea en secreto. Pero me temo que ese monopolio puede durar. Creo que lo que están intentando construir ahora es algo como el PRI en México, y en cierto modo lo están consiguiendo.

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