El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Con las negociaciones que el ministro de Infraestructura y el embajador Carlos Bettini llevaron adelante en Madrid se despejó casi 15% del problema que representan los pleitos en esa instancia internacional. Un avance que repercute en la negociación con el Fondo Monetario Internacional, que tiene a la relación con las empresas de servicios públicos como uno de sus principales capítulos.
Sin embargo, tanta celebración debería acaso suspenderse por un instante. Puede ocurrir que las conquistas que el gobierno realiza en el Ejecutivo las termine perdiendo en el Congreso. O en otra oficina del Ejecutivo, desde la que se está planificando la estrategia parlamentaria de Néstor Kirchner. En efecto, los 45 contratos de servicios públicos que están en curso de negociación deberían pasar por la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Facultades Delegadas por el Parlamento. Ese cuerpo, decisivo para que se convaliden las tratativas realizadas por la Unidad de Renegociación de Contratos antes de que éstos pasen a la firma de los ministros, tiene una integración adversa para la ecuación que actualmente busca el gobierno.
Aún en las filas del propio kirchnerismo existen sospechas sobre la viabilidad de este curso de acción, que se vería impedido por un límite reglamentario: para una renovación general de la mesa de comando se requieren los 2/3 de los miembros del bloque. No es un número que puedan alcanzar hoy los diputados que responden a la Casa Rosada. Sobre todo porque los que se alejan del Congreso sin chances de renovar su banca atribuyen el infortunio a las alquimias electorales que se realizaron en el corazón del Ejecutivo.
¿Cuál es el juego del duhaldismo en esta escena? Quien comanda la operación es el verdadero jefe del grupo, que no es Díaz Bancalari sino Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara. Este experimentado diputado ya puso al gobierno en un apuro al tomar al pie de la letra la palabra del Presidente: como Kirchner se quejó de que no se aprobó la ley de Educación Técnica, Camaño convocó a una sesión para el próximo 3 de agosto para tratar esa norma. ¿Podrá el peronismo bajar ese día al recinto con un bloque unido? ¿O se precipitará la división? Tal vez la estrategia del presidente de la Cámara sea llevar las relaciones internas hasta este punto de ruptura: así como a Kirchner le interesa demostrar que puede dominar al peronismo gobernando uno de sus órganos decisivos, como es la bancada parlamentaria, al duhaldismo le preocupa no aparecer derrotado mansamente. Una fisura en el bloque exhibiría los efectos que la ruptura con Eduardo Duhalde tiene sobre la gobernabilidad, haciendo correr al Ejecutivo con los costos de esa demostración.
Dejá tu comentario