La trabajosa y agitada elección del vicerrector de la UBA es, apenas, un paso hacia la normalización. Ahora, la conducción interina y cuestionada de Aníbal Franco deberá convocar y llevar a cabo la Asamblea Universitaria para designar al rector de la Universidad.
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La votación de ayer, con 18 de los 28 consejeros -entre éstos 6 decanos de los 13 que tiene la UBA-, ofrece sólo una valla de contención para evitar la acefalía de la universidad y, al menos en lo global, darle un marco de orden a la cuestión administrativa.
Pero falta mucho. Ayer, Franco dijo que todavía no tiene fecha para convocar la asamblea. Debería, por lo pronto, realizarse en los próximos tres meses. Pero hay un punto especialmente sensible para seguir y se refiere a si Franco designa o no «al gobierno» de la UBA. Es decir: a los secretarios, y, de producirse, detectar cuál es la pertenencia política y el perfil de éstos. Días atrás, Franco les juramentó a los díscolos Sorín y Schuster que no nombraría a los funcionarios sin previa consulta con los demás sectores.
El más perjudicado, si Franco no cumple su palabra, sería Boveris, que figuraba como favorito para ser electo rector pero ayer perdió algunas preferencias.
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