8 de diciembre 2008 - 00:00

comentario politico

VAN DER KOOY, EDUARDO, Clarín; y MORALES SOLÁ, Joaquín, La Nación. Ha vuelto un clásico que parecía olvidado en el periodismo argentino, que los panoramas dominicales de estos dos diarios parecieran inspirados en una misma fuente. Se presumía eso en tiempos autoritarios, cuando un ministro del Interior o un puntero del radicalismo daban a esos medios su agenda de temas para los domingos. Siguió eso con la democracia y se acuñó el sistema en tiempos de Menem, cuando esos panoramas parecían transmitir -por día directa o criticándolo- los demonios del otro ministro del Interior, el de más larga gestión en esa cartera.
Ayer pareció renacer esa modalidad, no desde el gobierno -para eso está Horacio Verbitsky- sino desde la oposición. Morales Solá y Van del Kooy comienzan sus panoramas instalando a la desconfianza como el principal problema del gobierno de Kirchner.
Se repite la identidad de los dos análisis con la reseña de lo mal que va al gobierno en las encuestas. Continúa con la mención a cómo el oficialismo sigue conservando el voto mayoritario en el Congreso, lo cual le ha permitido que le aprueben sus proyecto de ley, pero -coinciden los dos- con modificaciones a los proyectos originales.
El final es con un lamento al limón de cómo el gobierno trata mal al mundo en la figura de los Estados Unidos y España. En el caso de la madre Patria, los dos comentaristas se lamentan del maltrato que los Kirchner y sus funcionarios le dispensan a los propietarios de Aerolíneas Argentinas.
Hay alguna diferencia menos en cuando a la agenda de los dos analistas de ayer: Morales Solá se lamenta que la oposición no termine de unirse en una propuesta común, algo que ilustra con el relato sobre cómo se frustró un comunicado contra la eventualidad de que la ley de retorno de capitales pudiera encubrir maniobras de lavado de dinero. Elisa Carrió, Adolfo Rodríguez Saá, Juan Carlos Romero, Ricardo López Murphy, Roberto Lavagna, Julio Cobos y Mauricio Macri se negaron a firmarla para evitar aparecer junto a los demás. Divertida anécdota, pero no debe llamar la atención: cada uno de esos dirigentes es lo que es precisamente porque se
han dedicado a no juntarse con el resto.
La cuestión de la foto es una de las piezas clave de la política argentina, y también explica los movimientos de un gobierno como el de los Kirchner, que ni se les ocurrió levantar el teléfono en 2003 y en 2007 para saludar a sus contrincantes por la presidencia de la Nación.
Además, quien le pida a la oposición que muestre un frente unido, debería hacer lo mismo con el gobierno, que aparece tan desflecado, desunido, insolidario, dividido, como la propia oposición. Lo ilustran las guerrillas entre Guillermo Moreno con Débora Giorgi, y antes con Martín Lousteau, o la inquina con la cual funcionarios, legisladores y gobernadores terminaron volteándola a Romina Picolotti, o la cadena de desgracias que han seguido a Felisa Miceli, la mayoría salidas de despachos oficiales y que no cesaron cuando dejó el Ministerio de Economía.
Es jugosa la observación de Morales Solá sobre el gobierno que repite que Romina Picolotti se va del cargo agobiada por causas judiciales. ¿Qué debería hacer un Ricardo Jaime?, se pregunta el columnista con acierto sobre este funcionario que actúa más como un valido del poder que co-
mo un administrador. El final de su columna trae un mensaje para el gobierno: no lo maltraten mucho al embajador de los EE.UU., Earl Anthony Wayne, que con la asunción de Barack Obama, se va para arriba.
Del panorama de Van der Kooy destacan don cifras: una, el resultado de la votación en el Congreso cuando los diputados trataron la insistencia contra el veto presidencial a la ley de protección de los hielos. El oficialismo juntó 107 contra 97; ganó la pulseada -el veto persiste- pero perdió muchas adhesiones para una iniciativa que reclamada la propia Cristina de Kirchner en defensa del poder presidencial.
El otro número que proporciona es el valor de los juicios que podrían caerse si prospera en el Congreso el proyecto de moratoria impositiva: $ 7 mil millones. Además, reflexiona con veneno el columnista de Clarín, es una renuncia a las banderas contra la impunidad que intentó alzar este gobierno.

VERBITSKY, HORACIO. Página/12. El columnista dedica la entrega a dar dos mensajes y dos críticas. Los mensajes son: 1) es bueno que se junten Hugo Moyano (CGT) y Hugo Yasky (CTA) para enfrentar la acusación sobre el sindicalismo de ejercer violencia con muertos. Estas desgracias no le merecen al columnista ninguna condena porque «la conducción del gremio lechero tiene todos los vicios y ninguna de las virtudes de la burocracia sindical» (¿debería esa querella despacharse a los tiros?). 2) Que se cuide la empresa americana AES, que tiene en el país varias concesiones eléctricas, entre ellas la de EDELAP, porque el gobierno va a avanzar en una investigación sobre presunto vaciamiento. Este trámite, que Verbitsky repasa con el auxilio de un ayudamemoria de inconfundible procedencia oficial, arrancó la semana pasada con una denuncia que llegó a la Embajada de los Estados Unidos. Esta, y algunos voyers del negocio eléctrico, creen que la denuncia es, como la pelea con Aerolíneas, un llamado a alguna negociación.
Las críticas son éstas: 1) a Cristina de Kirchner, por la frivolidad al recibir en su despacho a la «señorita Madonna» (como la llamó Antonio Cafiero cuando esta artista osó interpretar el rol de Eva Perón). 2) A Martín Redrado, porque «considera un proyecto para que las casas de cambio no tengan inconvenientes en seguir contribuyendo a la fuga de capitales». Para que anoten la Presidente y el jefe del Banco Central.

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