En cambio, la nota crece cuando trata un tema accidental, como la polémica entre el gobierno y el Vaticano por el caso del obispo Antonio Baseotto. A pesar de que Van der Kooy deba dedicarse a este tema para corregir una tapa de «Clarín» en la que se aseguraba que la Santa Sede ya había decidido desplazar al obispo (ínfimo error si se lo compara con la cobertura de tres días sobre el acuerdo Kirchner-Duhalde, al que el monopolio le dedicó también su primera página reiteradamente).
Van der Kooy recibe buena información de Bielsa para esta tácita desmentida. El canciller llegó desde Roma afirmando entre sus íntimos: «El título gobierno 2-Vaticano 0 es imposible acá o en cualquier otro país». En cambio, aclara el columnista, al obispo se le nombrará un coadjutor con derecho sucesorio, y el gobierno mantendrá el vicariato castrense y pagando el sueldo de su titular. Algo así como «Vaticano 2-Argentina 1», por ponerlo en términos del canciller. ¿A qué se debió el error de «Clarín»? Al parecer, dio por buena la información que le dio el gobierno y que éste, a su vez, recibió del nuncio Adriano Bernardini, quien comió con la primera dama.
Se extravía de manera rara el columnista cuando dice que las gestiones en el Vaticano se aceleraron cuando Bielsa informó sobre una «misa clandestina» que ofició Baseotto en la sede de su obispado. ¿A qué clase de clandestinidad se refiere? Ni en Cuba se califica de «clandestina» una misa católica, como ocurría con el comunismo de los países del este de Europa.
El viaje de Bielsa le reportó otros datos a Van der Kooy: Italia va a morigerar su fobia anti-Argentina, originada en el maltrato dado a los bonistas de ese país. ¿Razones? Una gestión del obispo argentino y secretario sustituto de la Santa Sede, Leonardo Sandri, a favor de la Argentina y la necesidad de Silvio Berlusconi de mejorar la relación con la colectividad de su país radicada en ultramar para los comicios del año próximo.
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