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La columna está dedicada a demostrar, con los hechos de la semana que pasó, su hipótesis de un gobierno sin control de los hechos que debería controlar. Lo corren por izquierda los vecinos de Gualeguaychú, lo desafían las fuerzas oscuras que pudieron causar la no aparición aún del testigo Julio López y su inocencia en los incidentes del Hospital Francés es increíble e improbable.
En el caso de las papeleras, el columnista apunta al hecho de que el informe ambiental del Banco Mundial dijo que dos pasteras en Fray Bentos no contaminarían. Era discutible, según otros expertos, que un polo celulósico que iba a producir 2 millones de pasta al año, el más grande del mundo, no fuera a contaminar el río Uruguay. Con la salida de la española ENCE ¿ocurrirá lo mismo? Igual carga con críticas al gobierno por desaciertos diplomáticos que, dice, deben ser castigados. Puntualiza que Kirchner amaga un tratamiento distinto de los cortes de los vecinos de Gualeguaychú al ordenarle a la Gendarmería que identifique a los eventuales responsables de actos punibles por la ley. Todo eso lo cree Morales Solá insuficiente, así como el renacimiento de la legislación contra el agio y la especulación por obra de Guillermo Moreno con el propósito de frenar el alza de los precios. «La historia -dice en uno de los remates clásicos de la prosa de este columnista- no sirve nunca de nada en el audaz país de los argentinos.»
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Esta vez el columnista escribe desde «El Vaticano» (no dice si desde un hotel -reservados están a los clérigos-, una plaza, un convento, un museo,o si en realidad escribe desde Roma, Italia)en un intento de hacer más creíble su campaña de detracción del primado de la Argentina,-el cardenal Jorge Bergoglio. Creerá Verbitsky que serán más efectivos sus argumentos si los autoriza desde la sede misma del papado, que es donde dice ahora que habitan los adversarios del cardenal argentino. Noticias nuevas no tiene, salvo presunciones como la que dice que en Roma lo ven como «un hombre que no está en paz con su propia biografía».
Este columnista llega a todo con tal de sostener la idea-eje del gobierno al que asesora en éste y otros asuntos: que Bergoglio es el verdadero jefe de la oposición política a la gestión Kirchner. Por caso, al repetir la información ya conocida sobre las malas relaciones entre los obispos argentinos Leonardo Sandri (segundo en la Secretaría de Estado del Vaticano) y Héctor Aguer (obispo de La Plata), un tópico archisabido desde hace rato. Debería explicar Verbitsky, no ya si está él mismo «en paz con su biografía», sino por qué repite los argumentos antibergoglistas del casellismo (por Esteban Caselli, ex embajador de Carlos Menem en el Vaticano).
Con información vieja repite la anécdota de los dichos del vocero Guillermo Marcó de presunta crítica en «Newsweek» a los dichos antiislámicos del actual Papa pero con el añadido de que los atribuye al propio Bergoglio, quien nunca abrió la boca sobre el asunto, aunque sí sobre la elección reeleccionista de Misiones, donde consta que avala al candidato opositor Joaquín Piña y que es el entripado que hoy lo separa más del gobierno.
Verbitsky, con tal de alimentar su encono -y el del gobierno- hacia Bergoglio, se improvisa en historiador eclesiástico y compara la actual puja gobierno-Iglesia con la de Perón de 1954, atribuyéndoles a las conferencias episcopales y al papadoactitudes que sólo puede imaginar pero que lo no acercan a la verdad, aunque escriba desde Roma.
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