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20 de noviembre 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Luis D’Elía y Cristina Kirchner
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


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Como sus colegas en el oficio dominguero, este columnista omite toda referencia a la crisis que vivió el gobierno en la semana que pasó, quizás una de las más graves desde que asumió, con el gremio de los petroleros privados que casi dejaron sin energía el miércoles a medio país.

El panorama glosa con ingenio variado la crisis diplomática con Irán por el pedido de detención de ex funcionarios de ese país para interrogarlos por su presunta responsabilidad en el atentado a la AMIA.

Señala el columnista con acierto uno de los argumentos del fiscal Alberto Nisman, cuando dice que el atentado fue una venganza contra el gobierno de Carlos Menem por impedir la ayuda del país a un proyecto nuclear de Teherán. De comprobarse esa hipótesis, Menem quedaría exculpado de responsabilidades en ese atentado, algo de lo que fue acusado por un famoso arrepentido que nunca pudo probar nada. También echa sombra sobre estamentos del Estado argentino. ¿Ese compromiso de ayuda nuclear quién lo contrajo? ¿Le cabe alguna responsabilidad a gobiernos anteriores como los de Raúl Alfonsín o los del ciclo militar?

Sobre la salida de Luis D'Elía no aporta mucho el panorama, que se confunde sobre las consecuencias que podría tener en las relaciones con Venezuela y los Estados Unidos.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Como Eduardo van der Kooy en «Clarín», la entrega de este columnista se concentra casi exclusivamente en las consecuencias políticas del pedido de captura de la Justicia argentina a varios funcionarios iraníes (ni una mención al caso más resonante de la semana: el dictado de una ley a medida para levantar un paro petrolero casi criminal, que paralizó al gobierno). La tesis central de Morales Solá es acaso demasiado geométrica. Sostiene que, al tomar esta medida, el Estado argentino comenzó a privilegiar la Justicia en vez de la seguridad.

Sostiene el periodista que «el dictamen de los fiscales recibió algunas críticas por presunta falta de pruebas». Pero no abre juicio al respecto. Se concentra, en cambio, en reproducir las opiniones del gobierno. Algo interesante en la medida en que transcribe frases que atribuye a Néstor Kirchner. Por ejemplo, «la Justicia llegará hasta donde quiera o pueda llegar. Me limitaré a acompañarla».

Algunos datos novedosos que aporta el columnista sobre este tema: 1) que Kirchner rechazó en su momento una entrevista en Caracas con el ex presidente iraní Mohammad Khatami porque se negó a tratar el atentado a la AMIA; 2) que el gobierno podría llevar el diferendo con ese país al Consejo de Seguridad de la ONU si se agrava la tensión; 3) que el embajador de Venezuela en la Argentina le ofreció un acuerdo a la ministra de Defensa, consistente en aportes iraníes al país, si se reducía la presión de la Justicia (no lo dice Morales Solá, pero es evidente que Chávez supone que el Presidente maneja la Justicia; de lo contrario, habría ido a la ventanilla equivocada).

Finalmente, Morales Solá contribuye con un objetivo explícito de Kirchner en estos días, igual que su colega del monopolio «Clarín»: desmentir que la relación con Irán exprese un alineamiento automático con Estados Unidos, como hacen suponer las efusivas felicitaciones del gobierno de ese país. Vuelve a hablar el Presidente en la nota del periodista: dice que no hay subordinación, sino coincidencia con Estados Unidos y con Europa en la manera de encarar el flagelo terrorista y que la colaboración que brindan los servicios de inteligencia extranjeros se debe a que «nosotros solos nunca hubiéramos podido averiguar nada».

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Se concentra en un problema general el ensayista: ¿los cambios que se perciben en la conducta de Néstor Kirchner a partir de la derrota misionera constituyen una conversión profunda o son apenas un repliegue táctico para mejorar el acceso a los mismos objetivos de poder concentrado que se le atribuían antes de esa caída?

Grondona defiende la primeratesis para, después, refutarla. Casi escolástico el columnista. Por un lado, la reducción de la Corte (en la medida en que destraba su mayoría), el lanzamiento de la candidatura de Cristina Kirchner y la expulsión de Luis D'Elía serían expresión de un giro sincero ( Morales Solá cree ver esto en materia de política exterior con el respaldo a Nisman y Canicoba Corral en la causa AMIA).

Sin embargo, la reducción de la Corte podría ser contradictoria con el achicamiento cesarista del Consejo de la Magistratura (sospechoso furcio de Grondona: lo llama «Consejo Consultivo», acaso una contaminación con la expresión «Junta Consultiva» de la Revolución Libertadora); también el alejamiento de D'Elía oculta la permanencia de todo su equipo en los mismos cargos e incluso con ascensos; y la postulación de la primera dama podría significar también un intento de perduración matrimonial en el poder por la vía de la alternancia de un «pingüino» y una «pingüina».

Grondona parece no creer en ninguna de las dos variantes. Prefiere imaginar -es probable que con acierto- un Kirchner desorientado, confuso después de la derrota, que emite señales contradictorias. Aprovecha esa hipótesis para citar a Séneca con un aforismo feliz: «Para el navegante que no sabe adónde va nunca hay vientos favorables».

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


El columnista se puso ayer el sombrero de vocero, no ya del Poder Ejecutivo sino del Poder Judicial, en un ejercicio del dictamen del Viejo Vizcacha «Hacete amigo del juez».

Dedica la columna a desplegar lo que en periodismo se llama «gacetilla», es decir una historia contada por el protagonista de los hechos destinadaa su elogio y a defender sus intereses. El héroe de la gacetilla es Enrique Petracchi, presidente saliente de la Corte Suprema de Justicia, cuyos valimientos seguramente no hacía necesario tanto incienso periodístico. En el largo escrito se enumeran los aciertos de la presidencia Petracchi en la Corte, asegura que el sucesor Ricardo Lorenzetti mantendrá la línea de revisión de lo sentenciado por ese cuerpo cuando tuvo nueve miembros.

Los propios jueces de la actual Corte se han dedicado años a desmentir que existiese esa mayoría, aportando cuadros estadísticos que demostrarían que cada uno de ellos falló según sus convicciones. En la gacetilla de ayer, Petracchi aparece como el único que batió los récords de sentencias en contra de aquella mayoría.

Tan vocero parece Verbitsky de la Corte en la columna de ayer que corre el riesgo que dice sufrir hoy Néstor Kirchner cuando se queja de que nombró a un grupo de magistrados que (para desmentir que trabajan en su beneficio) se esfuerzan por sobreactuar su independencia. No sea que ante tanto incienso de parte de los magistrados actuales, cuyos fallos se anima Verbitsky a adelantar en varias causas pendientes (pesificación, banca que reclama Luis Patti o publicidad oficial) aprovechen el entusiasmo de este periodista como otra oportunidad para exhibir su independencia respecto de la prensa complaciente.

LINDNER, FRANCO.
Revista «Noticias».


«Noticias» publicó en su tapa y dedicó una extensa nota a un presunto trastorno psíquico de la senadora Cristina Fernández de Kirchner. Lo describe como «bipolaridad» o «psicosis maníacodepresiva», según una nomenclatura más antigua.

Se podría reprochar que la publicación avance sobre una materia tan delicada. Pero no es el caso. Lo que llamó la atención de la revista es que el autor de la nota descubre frente a sus lectores la mala fe con la que procesó la información. Dice que había un rumor sobre la posibilidad de que la primera dama sufra de ese trastorno (lo que explicaría prolongadas desapariciones públicas y viajes misteriosos). Después, por un dato, la revista supo quién era el psiquiatra que, al parecer, trata a la señora de Kirchner. No da el nombre, pero reproduce una entrevista, que el profesional concede en el supuesto de que se hablará sólo de cuestiones teóricas, es decir, sobre la bipolaridad en general. Sólo cuando el reportaje terminó -cuenta quién lo realiza- se le confiesa al médico que sus palabras tienen valor por tratarse del psiquiatra de la primera dama. Se le advierte, claro, que todo su testimonio sería procesado como parte de una nota sobre ella.

El resto de la nota sólo sirve para dar verosimilitud a ese núcleo informativo, bastante vidrioso. Todo muy previsible: profesionales que defienden las posibilidades de buen desempeño de un bipolar, enfrentados a otros que la niegan (ninguno hablando claramente de la senadora Kirchner). Y un recuadro previsible de « bipolares famosos».

Sorprende que una publicación que deja la sensación de querer defender la transparencia y los buenos procedimientos en la vida pública defraude a sus lectores dejándolos en ascuas precisamente en relación con esas condiciones.

Apenas si se dice que hay un rumor sobre una dolencia de una persona y se entrevista a un médico sin rostro especialista en esa dolencia, quien expresamente afirma que no puede dar datos sobre sus pacientes.

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