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El columnista-asesor brinda un servicio del tipo «Aló Presidente», es decir, una admonición dirigida al príncipe para que rectifique el rumbo de sus actos. Le aconseja que cambie de método en Santa Cruz porque ya resulta más que evidente que Néstor Kirchner aplica allí lo contrario de lo que pregona para el resto del país. Desde el Salón Blanco incita al conflicto como una forma saludable de despachar la puja distributiva. En su provincia, donde sigue gobernando a través de delegados personales que le han intervenido la oficina a Carlos Sancho, mantiene la vigencia de una emergencia desde 1993 que impide la discusión salarial. En provincias como Neuquén critica, con razón a la luz de los resultados, la actuación de la Policía frente a las protestas, pero en Santa Cruz mantiene a la Gendarmería custodiando escuelas, oficinas públicas y también residencias de funcionarios públicos. Esa contradicción, entiende Verbitsky, le hace daño al Presidente.
La columna se vuelve desopilante cuando intenta exhibir al gobierno como un retablo de tolerancia. Enfrenta los dichos de Kirchner contra un sector de la prensa (el diario «La Nación», al que atribuye defender la mano dura contra las protestas) con el dictamen del procurador Esteban Righi en favor de ese medio en un juicio que debe resolver la Corte. Ese dictamen afirma que no se debe sancionar al periodismo por contar noticias ni aun cuando incurriera en lesiones al honor de las personas, porque hacerlo podría entenderse como una intimidación a la libertad de expresión. Impecable el procurador en ese dictamen, pero tampoco sirve para lavar las responsabilidades del Presidente en sus ataques a la prensa, que datan del primer día de su mandato, cuando ordenó a sus funcionarios no mantener conversaciones «off the record» con periodistas. Esta medida, nunca cumplida ni por el propio Presidente, fue publicitada por el secretario presidencial Oscar Parrillipero sigue vigente, para deshonra del país cuando se la analiza en el ranking de libertad de prensa.
¿Acaso el procurador recibe órdenes del Presidente? Si así fuera, lo de Verbitsky es un agravio hacia Righi. ¿Actúa el Presidente según el contenido de los dictámenes del procurador? Tampoco. Una patraña esto de querer compensar las atrocidades en el trato a la prensa -que es por lo que se recordará este gobierno en el futuro- con los dictámenes del procurador que todos queremos creer se ajustan a derecho y no a los deseos de la Casa de Gobierno.
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
La entrega sirve al propósito de inspirar, con nuevas críticas y pitorreos sobre la figura presidencial, los libretos futuros de Néstor Kirchner en sus actuaciones en el Salón Blanco. Morales Solá entiende que se le hace la noche al oficialismo porque despunta en el horizonte la coalición de Elisa Carrió que va a incorporar a todas las manifestaciones opositoras, desde Jorge Telerman hasta Ricardo López Murphy, pasando por el macrismo y el ala clerical que representan el cardenal Jorge Bergoglio y el rabino Sergio Bergman. Para que el Presidente no duerma, le pone un farol al primado de la Argentina, a quien le atribuye una suerte de jefatura oficiosa del arco opositor y, encima, un rol auspicioso en la reconstrucción de la política argentina. Le falta decir que quien destruyó la política es el propio Kirchner.
Le suma el factor Telerman, cuyos movimientos -afirma- han terminado con las chances de Daniel Filmus de disputar la Jefatura de Gobierno, que decidirá el ex vice de Aníbal Ibarra en un mano a mano con Macri. Ocurrió esto porque la tozudez del Presidente y de Alberto Fernández lo echó a Telerman en brazos de Carrió, un argumento que repite este columnista todos los domingos a la misma hora.
Aporta un dato: que Kirchner ha heredado la furia anti-Telerman de su jefe de Gabinete y que el Presidente ha llegado a decir a sus entornistas que en un eventual ballottage lo apoyaría a Macri con tal de verlo a Telerman morder el polvo. ¿La causa? Le atribuye al jefe de Gobierno una lealtad «precaria y fugaz», como si la política estuviera hecha de otra madera y con otras actitudes.
Otro dato: Carrió y López Murphy cavilan la posibilidad de decidir candidaturas en una interna abierta, como aquellas que animaron en la era de los héroes un De la Rúa vs. Fernández Meijide, un Alvarez vs. Bordón o un Cavallo vs. Béliz. Compulsas que terminaron en un modesto arbitraje de encuestas de encargo.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
En la línea crítica del monopolio hacia el gobierno -algo que se prueba también en la tapa de ayer, entregada a exhibir el odioso (para el gobierno) caso Skanska- el columnista diagnostica a Kirchner de dolencias varias. «Cansancio del estilo confrontativo», «incompetencia» en el manejo de los índices de precios, «pérdida de solidez de la palabra del poder», impericia al creer que los conflictos se solucionan encerrándose el Presidente en su casa o jugando al desgaste de los adversarios.
Para terminar de irritarlo al Presidente, destaca un hecho del cual ya informó este diario: el protagonismo creciente del presidentede la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, que juega a dos puntas. Una, a erigirse en jefe de la corporación judicial como no lo hizo nunca antes un titular del alto tribunal, salvo el menemista Julio Nazareno; la otra, a insistir en sus críticas al Poder Ejecutivo por su falta de moderación en el trato de la Justicia.
Es el único columnista Van der Kooy que le atribuye a Roberto Lavagna un juego consistente en las elecciones de octubre próximo. Pondera el ataque a las calificaciones de Daniel Scioli para ser candidato a gobernador de la provincia, el tino de prescindir de la elección porteña y cómo se prepara para un ballottage contra los Kirchner sobre la base de las mismas encuestas que se encargan y leen en la Casa de Gobierno.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
Más profesor que nunca, este domingo lo dedica a un juego idiomático: describe las tensiones entre derecho a la protesta y derecho a la libre circulación que hay en la Argentina, repasa su dialéctica en el pasado y lo traduce todo (sin explicar por qué) al latín. Con eso logra que un modesto comentario sobre los hechos de la semana parezca realzado al nivel de alto análisis político. Así, la pelea entre Kirchner y sus piqueteros contra el resto de la sociedad revelaría no una pulseada callejera sino un desequilibro entre « potestas», «auctoritas», «imperium» -niveles de ejercicio del poder- en su enfrentamiento con la «seditio» piquetera que hace abuso de la «litentia».
Grondona parece en algunas columnas exagerar en los juegos de palabras, fascinado por expresiones como la que atribuye a Ortega y Gasset cuando dice que la Argentina presiente un «destino peraltado» (?). ¿ Encima eso, además de tantos padecimiento como los que tiene la sociedad criolla? Se reía Antonio Machado cuando leía expresiones del tipo «los eventos que acontecen en la rúa» para referirse, apenas, «lo que pasa en la calle».
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