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16 de julio 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Eduardo Duhalde y José L. Rodríguez Zapatero.
EDUARDO VAN DER KOOY.
«Clarín».


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Una bolsa de dinero en el baño de un ministro es un «escandalete»; una colección de denuncias sobre supuestos desmanejos y antojos administrativos con fondos públicos es un hecho que merece una «discusión abierta». Un ejemplo de tino Eduardo van der Kooy en su columna dominical, desprovista de novedades interesantes, excepto por el dato de que viste con ropaje inocente hechos políticos de alto impacto que, incluso, el monopolio «Clarín» consideró lo suficientemente delicados como para titular varias tapas en las últimas semanas.

Ni siquiera levanta el tono, el periodista, al defender a los cronistas del diario que el gobierno trató malamente y acusó de escribir «imbecilidades». En ese rol de tribuna, o editorialista, Van der Kooy tampoco se sale de una línea cautelosa y moderada. ¿Es el primer indicador de que causó efecto la inclusión de Alberto Fernández como miembro de Papel Prensa, maniobra que tiene como claro destinatario al monopolio?

Se pierde casi sin atractivos el comentario de Van der Kooy al volver a la conocida disputa entre Alberto Fernández y Julio De Vido, la repetida referencia sobre que Cristina Fernández dejará al jefe de Gabinete en su futuro gobierno, la recurrente mención al conflicto energético que, en este caso, resulta justificada: no es ociosa en la medida que el gobierno insista en minimizar el impacto de un conflicto que podría resentir la hasta no hace mucho «invulnerabilidad electoral» de los Kirchner.

Aporta una mirada sobre una encrucijada, también pública, de Kirchner respecto de la pastera Botnia, pero arriesga que antes de fin de año el gobierno deberá firmar un acuerdo, que inevitablemente acarreará un costo político, si no quiere despreciar la intermediación del rey Juan Carlos y de José Luis Rodríguez Zapatero.

De tener que rubricar ese pacto, lo hará el Kirchner en retirada y no Cristina para no someter a la actual primera dama a un desgaste político apenas inicie su eventual gestión presidencial.

Los párrafos finales, Van der Kooy los agota con un paneo -calcado de otras ediciones- sobre los tropiezos de la oposición para conformar un frente compacto para enfrentar con algo de éxito al gobierno, aventura que no aciertan a pesar de los errores reiterados de la Casa Rosada.

HORACIO VERBITSKY.
«Página/ 12».


El habitualmente torrencial columnista de los domingos de «Página/ 12» no defraudó a sus seguidores ayer al presentar una reedición de su teoría conspirativa del poder. Que es también, en sí misma, una suerte de conspiración, pero por parte de Verbitsky. El acusado de esta ocasión vuelve a ser Eduardo Duhalde, quien según el autor tendría un plan para derrocar a Cristina Kirchner. «No es un plan original -nos alerta-, lo concibió para Menem, pero no pudo aplicárselo en 1996 y lo usó para acabar con De la Rúa en 2001». Dice que «la base de operaciones en la que confía son los históricos intendentes y ex intendentes del conurbano en los que sostuvo su poder durante la década pasada, tanto aquellos que en 2005 sostuvieron la candidatura al Senado de su esposa, Hilda González de Duhalde, como aquellos que desertaron y acudieron en auxilio de la victoria de Cristina Fernández de Kirchner».

Entra en un terreno de obviedades el columnista al sentenciar que Duhalde no ve como candidato potable a ninguno de los «dinosaurios» peronistas que se reúnen para enfrentar a Cristina Kirchner en las urnas. Evade, de esa forma, ponerse a contar votos con vistas a dividir el electorado y forzar a los Kirchner a una segunda vuelta. Como también al mencionar que no todos esos «dinosaurios» son iguales ante la elección de los votantes.

Ante ese escenario, mejor dar por nula cualquier posibilidad de artimaña electoral y pasar directamente al complot: «El ex gobernador bonaerense cree que no hay posibilidades de éxito en las urnas, pero sostiene que el próximo gobierno no podrá afirmarse en el poder».

Esta es la clave del mensaje del columnista, ávido en culpar a Duhalde por lo que pueda sucederle a la señora y, de paso, facturar diferencias del pasado. Relata entonces las relaciones del ex presidente con sectores sindicales, todos involucrados en el escandaloso segundo sepelio de Juan Domingo Perón en su quinta 17 de Octubre de San Vicente. Gerónimo «Momo»

Venegas y Omar Viviani ocupan un lugar destacado en esa foto que Verbitsky asimila automáticamente a la del 1 de mayo de 1974, sin dejar de reivindicar a los «jóvenes apresurados» de esa época. Como en toda conspiración, hay lugar para todos.

«El ex gobernador también se reúne con los sectores de la dirigencia sindical que comparten su aversión hacia Kirchner y, en especial, hacia Cristina Fernández», dice entonces de esa batahola organizada, según su visión, contra el leal Hugo Moyano. De todas formas, en ese recuerdo tampoco hay nada de nuevo.

Como en toda historia de espías, empieza a cerrar el columnista su comentario con una serie de acertijos. Menciona, entonces, que «Uno de los mayores productores y exportadores de oleaginosas está considerando el lanzamiento de un nuevo diario, que intentaría ocupar el nicho de mercado donde no consiguió afirmarse el semanario 'Perfil'»; a productores agropecuarios e industriales descontentos con sus ganancias y con el «modelo» Cristina, y repasa el armado del futuro gabinete de la senadora, también con mensajes subliminales, pero sin novedades. En suma, oportunistas, infiltrados y oligarcas conspirando contra el éxito brillante del nuevo modelo nacional y popular.

MARIANO GRONDONA.
«La Nación».


No sólo no luce la nota de Mariano Grondona, sino que resulta demasiado extensa porque aporta poco en cuanto a opinión.

Grondona se explaya de forma innecesaria en interpretar el eslogan con el que Cristina Kirchner lanza su candidatura: «El cambio recién empieza».

A partir de allí se pierde en juegos de palabras y las contradicciones que le sugiere el eslogan sobre si va a cambiar lo que hizo Néstor Kirchner.

Se obsesiona con desmenuzar la contradicción palabra por palabra y acudir a ejemplos simples y obvios. En esta primera parte de su columna, el lector puede sentir que está caminando en círculos.

Lo mejor de la nota está al final, donde describe la estrategia electoral del matrimonio. Grondona la compara con el lanzamiento de un nuevo producto al que se lo elogia exageradamente para que tenga ventas muy altas al principio.

Con la senadora, según Grondona, se busca algo similar al «sobrevenderla» y cita a Maquiavelo, que señala que en política «las apariencias sustituyen a la realidad».

«Si la campaña que ha lanzado el gobierno apenas disimula, como hemos visto, la lógica inexorable de los hechos,también es verdad que, si su engaño dura lo suficiente, puede asegurarle el triunfo electoral en octubre, porque lo que más le importa no es necesariamente la verdad, sino una apariencia ganadora», dice el columnista.

Y recuerda lo que sucedió con Fernando de la Rúa, cuando «una hábil acción publicitaria» lo mostró firme y decidido, aunque no lo era, pero esa imagen le alcanzó para ganar las elecciones. Grondona señala que las consecuencias vinieron después, pero no afectaron el prestigio profesional de los publicitarios.

«A los asesores de la pareja Kirchner sólo les bastará con seducir a la tribuna hasta el 28 de octubre», finaliza.

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