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La columna de trata de la campaña presidencial de Cristina Kirchner, de quien dice que se puede dar el lujo de prescindir de contenidos para ganar las elecciones porque «una mayoría social temerosa de volver a la inestabilidad de la crisis parece haberse colgado de sus faldas, con ganas o sin ellas». La senadora no habla de la inflación. En Estados Unidos, en la conferencia ante empresarios no contestó (ni siquiera le llegaron) las preguntas complicadas sobre la inflación y el control de precios. Cuando habla de política exterior lo hace con énfasis, pero «la gente desconoce el contenido», observa el columnista.
También le cuestiona el maltrato al periodismo argentino aunque ella promete que mejorará la calidad institucional y le recuerda que «la función de la prensa es una institución del estado de derecho».
Compara la poca importancia que el gobierno les da a las relaciones exteriores. «Kirchner ejerce a veces de argentino: soberbio y autosuficiente, cree por lo general que le irá mal al mundo si no entiende a la Argentina», señala. Compara al país con Brasil. Lula recibió en 2006 más de 120 visitas oficiales de líderes extranjeros. «La última visita de un mandatario extranjero a la Argentina fue la de la reina de Holanda, hace un año y medio. La última visita de Estado de Kirchner fue a España, hace un año y tres meses», acota en una de las partes más felices de la nota.
Al finalizar, Morales Solá menciona temas que la senadora y candidata obvia, como la suba de los precios de los alimentos y la inseguridad que «se cobró otra muerte inútil». Recuerda que el mismo día que mataron a White en General Villegas, desvalijaron en Buenos Aires a Francis Ford Coppola, el director de cine que había decidido vivir en la Argentina buena parte del año. «El crimen de White y el robo a Coppola fueron las noticias argentinas que recorrieron el mundo y exaltaron a los argentinos», finaliza Morales Solá.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
En otro olvidable comentario dominical tras un descanso, en que cedió su columna a Julio Blanck, el columnista sobrevuela la visita de los Kirchner a EE.UU., repite lo ya dicho de que el Presidente cedió protagonismo a su esposa y vuelve, previsiblemente, a evaluar los numerosos errores del gobierno en torno al INDEC.
De Nueva York, afirma, Cristina Fernández cosechó el guiño de un gobierno en retirada, el de George W. Bush, no por simpatía de la primera dama sino porque en una región convulsionada, la senadora aparece para Washington -afirma el columnista- como garante de la estabilidad.
En cuanto a las fallas oficiales enumera la negativa del Presidente y su esposa a hablar de inflación, tema que obsesiona a empresarios locales y a los extranjeros que podrían invertir, pero sobre todo golpea la credibilidad del gobierno entre consumidores y votantes.
Sólo aporta un dato para sondear: afirma que Cristina Fernández diseña una reforma del organismo que confeccionan dos legisladores. No aclara si es el mismo que el que elaboran Alberto Fernández y Miguel Peirano o, en un primer movimiento de autonomía, la candidata planea una reforma del INDEC que lleve su propio sello.
Da, en tanto, por descontado que la permanencia de Guillermo Moreno, interventor de hecho del INDEC, se termina cuando asuma Cristina Fernández. ¿Podría hacer otra cosa?
Van der Kooy no entrevé la mínima chance de que el oficialismo tenga una complicación electoral en octubre aunque se ataja con que las urnas suelen dar «sorpresas».
VERBITSKY, HORACIO. «Página/12».
Insiste el columnista con un « descubrimiento que hizo recién tres o cuatro semanas atrás: el daño que provocó en la credibilidad del gobierno en cualquiera de sus áreas -es escándalo de manipulación de estadísticas dentro del INDEC-. Aunque esta vez innova en un concepto que para el resto de los economistas ya es música conocida: la inflación existe porque la mayor demanda no fue acompañada de un incremento de la oferta, lo que implica una falta de inversión, punto este último sobre el que Verbitsky no se explaya.
Después de teorizar sobre cómo se mide hoy la inflación y la necesidad de modificar los parámetros que se aplicaban en los años 90, hace una apuesta a que una Cristina de Kirchner triunfadora modifique la situación poniendo en marcha el nuevo índice que ya le elabora el gobierno de su marido. Recuerda entonces algunos clásicos de sus últimos comentarios: la responsabilidad casi militar de Guillermo Moreno al hacer controlar con «hombres armados» las pantallas del INDEC. Y concede que hasta Roberto Lavagna -a quien endilga haber sido removido del gobierno cuando «el índice de precios al consumidor se desmadró»- vuelve a tener voz en la materia por los «desmanes del loco del martillo»: «Nada terrible hubiera ocurrido si el índice oficial medía 14% o 16%, mientras la economía sigue creciendo a ritmo firme». El problema es que más allá de esas intervenciones de Moreno, Lavagna pronostica hoy una inflación anual superior a 20% y Ricardo López Murphy sube ese número a casi 28%.
Por eso endilga al «envenenamiento» del INDEC las denuncias de un posible fraude que ya hace la oposición sobre la elección de octubre y hasta felicita a Cristina Kirchner por no subirse a la polémica por el maquillado del índice inflacionario de Mendoza.
Llega luego un esperado elogio al resultado del viaje de Néstor y Cristina en Nueva York y, aunque reconoce que en materia de inversiones, como siempre, habrá que esperar para ver los resultados, reivindica el haber frenado un intento de la comunidad de negocios de los EE.UU. para desestabilizar a la administración Kirchner y los planes de su sucesora. Un complot que por estos días no parecía caber ni en la imaginación más febril, teniendo en cuenta que el gobierno de George W. Bush, si está preocupado por algo en Latinoamérica, es por Hugo Chávez, Evo Morales y sus devaneos con personajescomo el presidente de Irán, a quien pasean pos sus países mientras les enseña cómo ser una potencia nuclear.
Como última novedad, aunque no sea tal, explica Verbitsky, Cristina no tiene en mente desdoblar el Ministerio de Economía, reduce la candidatura de Mario Blejer a ese cargo como una «aupostulación». Juega también quitándole a Aníbal Fernández la ilusión de ser ministro de Trabajo y pone sus fichas sobre Eduardo Fellner o Florencio Randazzo para Interior. A Felipe Solá le reserva casi un chiste: será presidente de la Cámara de Diputados, dice el columnista, si así lo deciden sus pares, algo que no sucede desde que Kirchner ocupa la Casa Rosada.
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