El ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti, con estudiantes de la UBA encargadas de censar a los empleados de la Ciudad de Buenos Aires. Terminarán a mitad de año.
El gobierno de Mauricio Macri empezó ayer a contar a los empleados porteños con la mecánica de un censo que ya provocó críticas de un sector gremial y también de la Coalición Cívica de Elisa Carrió.
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Macri dispuso, tal como anticipó este diario, de 150 pasantes de la Universidad de Buenos Aires para que actúen como censistas en las distintas dependencias de la Ciudad, donde hasta ahora se calcula que reportan unos 120.000 empleados, incluidos maestros y médicos.
Cada persona que trabaja en la administración porteña debe llenar un formulario de 7 páginas donde se la consulta sobre sus estudios, la tarea que desarrolla, sus aspiraciones y su conformación familiar, entre otros datos.
Responder las planillas es obligatorio para todo el personal, que debe concurrir a una entrevista con su DNI, de modo que quienes no completen el cuestionario no podrían seguir trabajando, según explicaron los funcionarios de Hacienda que organizaron el trámite.
Macri quiere saber cuántos son los empleados de la administración y qué funciones cumplen, a través del censo que formó parte de un acuerdo con el gremio municipal (SUTECBA) en medio del conflicto por la cesantía de 2.300 personas que luego la Justicia ordenó reincorporar.
Los resultados se conocerían en un plazo de tres a cinco meses, aproximadamente, y ayer se inició en 18 dependencias de Hacienda, dos departamentos del Ministerio de Salud, dos áreas de Educación y tres de Cultura.
«Tenemos que comprobar si todas las personas incluidas en el sistema de liquidación de sueldos trabajan o no», explicó el ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, a sus pares durante la reunión de gabinete que se realizó por la mañana. El funcionario admitió que luego, con los resultados del conteo, se buscará capacitar y reubicar a quienes cumplan tareas «no útiles».
Oportunidad
La oposición criticó la medida, que consideró más oportuna para el comienzo de la gestión.
«La medida había que haberla tomado inicialmente y no hacer el disparate de echar a la gente y luego hacerlo», sostuvo el diputado Diego Kravetz, presidente del bloque Frente para la Victoria en la Legislatura.
«Hay que mejorar la política de recursos humanos en la Ciudad porque existe una administración superpoblada», reconoció, sin embargo, Kravetz, pero opinó que el censo «burocratizará» más la estructura estatal.
Se quejó también el bloque de Aníbal Ibarra, que sostuvo que después de los despidos y de «instalar en la opinión pública el tema de que hay ñoquis», la medida pierde credibilidad.
En cambio, el otro gremio que tiene representación en la Ciudad de Buenos Aires, ATE, advirtió sobre su temor de que la encuesta entre empleados pudiera generar futuros despidos. Por eso los sindicalistas criticaron que se pregunte a los trabajadores si hay otra persona en la familia que tenga empleo y si tienen aspiraciones de terminar los estudios universitarios.
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