ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

6 de marzo 2008 - 00:00

Con lenguaje de punteros, Carrió arma territorios

ver más
Elisa Carrió
Elisa Carrió declaró a 2008 como el año del armado territorial. Convencida de que se corta como la única oposición a los Kirchner, planea dedicar los próximos meses a tejer una red política, con base territorial y de alcance nacional, para competir con más chances en 2009.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Con sigilo, emprendió una ronda de diálogos con sectores de la UCR, antiguos amigos de la militancia en ese partido, y, el dato más poderoso, inició conversaciones con dirigentes del peronismo anti-K. Ese nicho ha sido, siempre, uno de sus flancos más débiles.

Aprendizaje o mutación, Carrió asimiló que un partido superestructural no basta: que debe contar con dirigentes propios o aliados desperdigados por el país. «Construir para gobernar», dicen a su lado; «armar para ganar elecciones», propone ella, en confianza.

Confesional, ha expresado esa idea y hasta, para hacerlo, suele manotear el lenguaje orillero de los punteros del peronismo y de la UCR: habla de «armar», de «juntar fiscales», de «contar votos», de «concejales a salir».

«No puedo perder como perdí 9 a 1 en algunas provincias del norte. En Salta, en Tucumán... hay muchos votos: tengo que llegar ahí y, después, tengo que tener a alguien que los cuente y los cuide (a los votos)», repasa, expresiva, la ex candidata presidencial.

Como regla esencial, Carrió impone a sus laderos y a los dirigentes que la visitan, que se mantengan en reserva las conversaciones. Pide no hacer show y se refiere, sin decirlo, a lo que hizo Néstor Kirchner con la captura, vía Olivos, de Roberto Lavagna.

Su entorno cercano, donde conviven y se codean Adrián Pérez, Gerardo Conte Grand y Patricia Bullrich, como ala política orbita también Alfonso Prat-Gay y Marcela Rodríguez, pero con otras funciones, se mueve en línea con el plan de armado carriorista.

  • Cartografía

    La cartografía política, con sus bordes y accidentes, que dibuja la dirigente de la Coalición Cívica es la siguiente:

  • No hablará con Kirchner ni con Cristina de Kirchner. La convocatoria, ficcional, al diálogo con todos los sectores políticos que deslizó la Presidente en la asamblea legislativa le resulta poco creíble. «Si lo ves, te saca una foto y te quema» grafica y repasa, otra vez, el caso de Lavagna. Parece, igual, una prevención llamativa: salvo el llamado genérico al diálogo por el bicentenario, desde la Casa Rosada no hay pretensión de sentarse con Carrió.

  • Advierte, obvio, que la gestión cristinista está en la previa de una crisis profunda. «Parece que hicieran todo para mí: cometen errores que a mí me favorecen», dice y, por eso, invita a apurar un armado de alcance nacional que le permita competir con chances en 2009. «Para ganar» afirma, optimista. «Para hacer un buen papel», la traducen los huéspedes.   

  • En 2009, luego de dedicar 2008 al armado, Carrió será candidata: no definió, todavía, en qué distrito, pero todo indica que peleará por una diputación nacional por la Capital Federal. Ese es, en definitiva, el campamento desde el que ordenó su derrotero electoral. «No se habla de eso: estamos enfocamos en construir una fuerza nacional», relatan desde la máxima cercanía a la dirigente. Pero en charlas reservadas, Carrió ya se postuló para dentro de dos años.   

  • Pone sobre la mesa otro dato: «Macri pactó con el gobierno tranquilidad para gestionar en la Capital», afirma sin contemplaciones. Eso, observa, la coloca en condición de única oposición decidida a enfrentar a los Kirchner, ventaja que le aporta además que las próximas sean, al menos por ahora, elecciones legislativas, las que suelen beneficiar a los armados opositores.

    Ese presunto pacto Kirchner-Macri, operado por intermedio de Alberto Fernández, aporta, va atado con su presunción de que Macri no construirá fuera de la Capital. «Es un dirigente porteño, atrapado en la Capital», dicen a su lado. En el macrismo, sin la lectura crítica de Carrió, comparten el concepto: el líder de PRO sólo dejará avanzar en la construcción a Francisco de Narváez en Buenos Aires y él mismo controlará su espacio porteño. Lo demás está en standby; «hay que esperar que el PJ empiece a dejar heridos», pronostican.   

  • Ella, en cambio, mira al peronismo ante la ambulancia. Dialogó con algunos dirigentes, entre ellos con un ex embajador, sobre la necesidad de incorporar a los que se resisten a la aspiradora de Kirchner. Pero pone una condición: «Dirigentes sin prontuario», avisa. Lamenta, incluso, no haber tirado antes una red en el PJ con lo que podría haber mejorado su elección en la provincia. «En José C. Paz -agrega la C a diferencia de los peronistas del norte y el oeste que dicen José Paz, a secas- sacamos dos concejales: si hubiésemos tenido fiscales, sacábamos cuatro», calcula.

  • Pero en paralelo a trabajar la línea PJ, consolida su sintonía con los radicales anti K: mantienefirme su alianza con Margarita-Stolbizer, de la UCR bonaerense, y espera el momento para ampliar ese piso: observa, por caso, los movimientos de un grupo de radicales díscolos que esta semana se reunirán en Mar del Plata y ven, luego del tropiezo con Lavagna, a Carrió como la alternativa más viable en el mediano plazo. Podría, incluso, incorporar a una tanda de legisladores bonaerenses.   

  • Trata, en tanto, de mantener vigente su entendimiento con el sector del PS que la acompañó en las elecciones de octubre. Ese acuerdo opera, esencialmente, a través de Rubén Giustiniani, quien fue su compañero de fórmula. Pero el PS, con un Hermes Binner equilibrista, aparece tensionado. Carrió, en ese juego, quiere contribuir a evitar que Kirchner capture a todo el socialismo.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias