Hugo Moyano será elegido hoy por el consejo directivo de la CGT como secretario general único de esa central obrera. El sector denominado de los "gordos" no será parte de la nueva conducción. Para quienes pondrán a Moyano en la cúspide tampoco será un día de fiesta. El camionero llega después de beneficiarse con una resolución escandalosa de la Secretaría de Transporte: las empresas que contraten con su sindicato recibirán el reintegro de todas las cargas sociales aportadas desde julio del año pasado hasta el próximo diciembre, con posibilidades de extender ese beneficio hasta fines de 2010. Un "pacto negro".
Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, Julio De Vido, Ricardo Jaime y Hugo Moyano
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El 24 de junio pasado, la Secretaría de Transportes emitió la Resolución 435/05, que se publicó en el Boletín Oficial del 29. En ella se establece que quienes se dediquen al transporte de cargas por automotor (empresas de camiones) tendrán derecho a un subsidio equivalente a las contribuciones patronales devengadas entre el 1 de julio del año pasado y el 31 de diciembre próximo. Por contribuciones patronales debe entenderse los aportes al sistema jubilatorio, al PAMI, al Fondo Nacional de Empleo y las asignaciones familiares. En otras palabras, a las empresas de transporte de cargas se le reintegrarán todos los aportes patronales aportados en un año y medio.
¿De dónde provendrá este subsidio? Del Impuesto sobre la Transferencia de Combustibles que rige, según la Ley 26.028, hasta el 31 de diciembre de 2010, con una alícuota de 20,20%. Esos fondos irán a un fideicomiso cuyos beneficiarios son los identificados en la Resolución 435.
• En principio, sólo se beneficiarán del subsidio quienes hayan incluido a sus empleados en el Convenio Colectivo de Trabajo N° 40, que es el de camioneros. Es decir: si hay empresas de transporte que no firmaron convenio con Moyano, serán discriminadas como si no pertenecieran al rubro transportes. Es el caso de Supermercados Coto, por ejemplo, que se niega a suscribir con el nuevo mandamás de la CGT un contrato que incluya a sus empleados de logística. O el de cualquier otra compañía similar que no tenga como contraparte gremial a Moyano.
En otras palabras, el gobierno le otorga a Moyano en exclusividad, con esta resolución, un arma mortal para el resto del sindicalismo, sobre todo el que representa actividades que se realicen sobre ruedas. Desde los dueños de trenes, que querrán hacer figurar a sus vagones como «camiones», hasta las pizzerías que envíen la mercadería a domicilio transportada por jóvenes que transitan en rollers. Por no hablar de impacto sobre otras empresas. ¿Qué empleador no querrá que sus empleados adhieran al convenio de camioneros si esto supone un subsidio sobre todas las cargas sociales?
Con este instrumento en su poder, Moyano potenciará el otro dispositivo por el cual se ha convertido en una aspiradora de afiliados de los demás sindicatos: el manejo de la comisión arbitral de la CGT, que decide los encuadramientos sindicales de los trabajadores. Es por el control de ese instituto que el nuevo secretario general convirtió en empleados de ENARSA a taxistas, colectiveros y garajistas, por el sólo hecho de que le son fieles en los alineamientos de la central obrera.
• La segunda peculiaridad de esta resolución es que sólo otorga el beneficio a las empresas que tengan a su personal con la licencia nacional habilitante en orden. Claro, para cumplir con ese requisito hay que obtener un certificado de capacidad física carísimo, que sólo extiende la obra social de los camioneros que administra Moyano.
• Otra nota peculiar de la resolución es que reglamenta solamente hasta fin de 2005 una ley que fija un impuesto hasta fines de 2010. Es decir, en diciembre el nuevo jefe de la CGT deberá gestionar la extensión del beneficio por un año más. Tal vez deba hacerlo año a año. Es un buen método de tomarle la temperatura periódicamente: ¿quién puede esperar que haga una huelga o siquiera una declaración altisonante si está atado a esta cláusula renovable que le reporta semejante cantidad de dinero a él y a su sector? Los demás gremialistas, que lo encumbran hoy en el máximo poder de su sector, seguramente no han estado atentos al contrato privado que Moyano estableció con Kirchner para garantizar la «paz social». Raro en gente tan perspicaz, que detesta trabajar gratis para otro.
• No hay por qué dudar sin pruebas de la moralidad de nadie. Ni siquiera de los más sospechosos. Pero tal vez hubiera sido más edificante que el reintegro por los aportes que se realizaron a la seguridad social no esté sujeto a tantas regulaciones y requisitos como los que esta resolución pone en manos de la Subsecretaría de Transporte Automotor, que como todo el mundo sabe controlan Moyano y su gente.
• Una última curiosidad la aporta la identidad de los funcionarios involucrados en este fuero extendido al nuevo secretario general de la CGT. El primero es, obviamente, Ricardo Jaime, secretario de Transporte. Sobre él, Julio De Vido, quien está acostumbrado a hablar de materialidades con Moyano desde antes de ingresar en el gobierno. Su primer contacto fue un entredicho en el que el gremialista le dijo: «No te olvides de que yo con lo de la Banelco me cargué al gobierno de De la Rúa; así que aprendan a cumplir». El enojo se produjo cuando vio a Jaime en Transporte y no a Guillermo López del Punta, su pseudópodo en el gobierno de Eduardo Duhalde.
Hasta acá, pocas sorpresas. En cambio, llama la atención que también Roberto Lavagna haya participado en esta resolución, según consta en los considerandos. El asombro se debe, en principio, a que el ministro de Economía siempre manifestó indignación por los subsidios al transporte que Moyano y sus amigos le arrancaban a De Vido y Jaime. Tanto que una vez les recomendó a sus amigos del bloque de diputados radicales que redacten algún pedido de informes sobre la materia. Ahora Lavagna se plegó a sus detractados.
La otra rareza es que, hay que pensar, Lavagna no habrá cambiado de opinión a pedido de De Vido o de Jaime. Su participación hace pensar en una orden de Kirchner. Y eso completa una serie de compromisos de la Casa Rosada con Moyano que se manifestaron en distintas oportunidades, sobre todo cuando otros gremialistas consultaron al poder sobre la conveniencia de apoyar al camionero para la función que hoy se le encomienda. Salieron por la plaza de Mayo rezongando: «No hay nada que hacerle, el lazo entre ellos es indestructible». Hay amores imposibles de explicar.
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