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11 de marzo 2008 - 00:00

Confirmado II: cambian partidas para comprarle un nuevo avión a Cristina

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Ambito Financiero anticipó el 8 de noviembre de 2007 la intención del gobierno de cambiar el actualTango 01 por un nuevo avión presidencial. Cristina de Kirchner ahora está resuelta a hacerlo.
El gobierno parece haber iniciado la operación para comprar un nuevo Tango 01 para Cristina de Kirchner. Ayer, a través de una reasignación del Presupuesto, se pusieron a disposición de Oscar Parrilli casi $ 55 millones que fueron destinados -de acuerdo con el Boletín Oficial- a Maquinaria y Equipo de Transporte, Tracción y Elevación. A menos que se trate de un ascensor, eso significa «avión». Este diario ya lo había anticipado en noviembre del año pasado: se organizan en las oficinas de Parrilli cada vez que hay que decidir qué avión utilizar para un viaje al exterior o, inclusive, a algunos destinos dentro del país.

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Esas dudas, basadas en un miedo más que razonable a utilizar el actual Boeing 757, llevaron a la Presidente y a su marido a utilizar aviones prestados, alquilarle a Aerolíneas Argentinas un gigantesco Jumbo (que calmó como ninguno los miedos aéreos del ex presidente) o rentar jets ejecutivos.

Esa historia terminaría ahora. El debut de Cristina de Kirchner con el uso de los superpoderes fue, de todas formas, más medido que los decretos y resoluciones que solía firmar Alberto Fernández durante el gobierno de su marido. Es que en 2007, el gobierno llegó a reasignar partidas por $ 14.000 millones, siempre a la hora de ajustar los excedentes de la recaudación real con los gastos efectivamente realizados. De hecho, para eso Kirchner hizo votar los « superpoderes» permanentes en el Congreso hace dos años.

Esta vez, aunque el texto de la Decisión Administrativa de la Jefatura de Gabinete no lo diga claramente, la reasignación de fondos llega a $ 64 millones. El monto, por lo tanto, no establecerá ningún récord.

De ese total, $ 54.766.000 irán directamente a la Secretaría General de la Presidencia para financiar la partida Maquinaria y Equipo de Transporte, Tracción y Elevación, aunque oficialmente sólo se haya hablado de una modificación «a los fines de atender mayores erogaciones», en la que se incluyeron $ 7,9 millones para el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y otro $ 1,5 millón para cubrir viajes de participantes en la Copppal, para alegría de Antonio Cafiero.

Para financiar todos esos montos se recurrió, una vez más, a la caja mayor que tiene el Estado argentino: la cuenta de la Jurisdicción 91-Obligaciones a Cargo del Tesoro, adonde van y de donde salen casi todos los fondos que se reasignan dentro de la administración pública.

Oscar Parrilli es quien tiene a su cargo el manejo de toda la flota de aviones presidenciales y quien lleva adelante las negociaciones para la compra del nuevo avión. Por eso es quien recibió esos fondos que, unitariamente, servirán para el inicio del contrato de recambio del actual Tango 01.

Las opciones que pasaron por la Casa Rosada recorrieron todas las fábricas del mundo que hoy pueden proveer un aparato de ese tipo: desde el Jumbo 747-400 descartado inmediatamente -más grande aún que el Air Force One que utiliza el presidente de EE.UU., pero similar al avión oficial del gobierno japonés y demasiado caro en precio y mantenimiento-, hasta el Airbus 319 que utiliza Luiz Inácio Lula da Silva o el Boeing 737-500 que traslada normalmente a Michelle Bachelet.

Esas dos últimas máquinas tienen prestaciones similares, pero luego apareció en juego una tercera: el Lineage 1000. Esta, fabricada por Embraer, ya fue probada por Cristina de Kirchner en algunos de sus viajes recientes y tiene el visto bueno de la Presidente. Es un avión ejecutivo premium, es decir de la más alta gama, que permite vuelos intercontinentales sin escala, pero al mismo tiempo operatividad para vuelos cortos, uno de los problemas que generó siempre el actual Tango 01, un Boeing 757 (ya fuera de producción) considerado por los pilotos una máquina excelente, pero para trabajo diario y no para un régimen de vuelos espaciados como realiza un avión presidencial.

A esos problemas debe sumarse que el mantenimiento militar que se le dio al avión que compró Carlos Menem le hizo perder valor y tras una modificación ordenada por la propia Boeing perdió autonomía, lo que lo transformó en una incomodidad a la hora de volar a EE.UU. o Europa.

La decisión de cambiar el avión presidencial fue anticipada por este diario en noviembre del año pasado y, habida cuenta de la historia que tuvieron los Kirchner con ese aparato, parece más que justificada.

El último de esos tropiezos fue el 28 de octubre, el mismo día de las elecciones, cuando los Kirchner junto con su hija tuvieron que soportar la pérdida de potencia en una turbina que obligó a bajar la altura y a aguantar un aterrizaje « incómodo». No se comparó, de todas formas, con el accidente que protagonizó Kirchner cuando en medio de un despegue en Aeroparque, uno de los motores «tosió», eufemismo aeronáutico para describir una falla de combustión que provoca llamaradas en la salida de la turbina que obliga a pararla. No fue la única vez que sucedió: aunque no se lo haya reportado, el avión habría tenido el mismo problema en setiembre de 2004, en un viaje de Kirchner a Nueva York, aunque en ese momento, el presidente no se encontraba a bordo.

Frente a ese panorama, a ningún ser en su sano juicio le resultaría agradable desplazarse en ese avión, sobre el que el kirchnerismo ya esparció toda clase de supersticiones, obviamente, originadas en su comprador inicial.

De todas formas, en los últimos meses Cristina de Kirchner lo utilizó, por ejemplo, para trasladarse en la gira a Venezuela, Haití y República Dominicana el fin de semana pasado o, inclusive, en algunos vuelos de fin de semana a El Calafate.

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