En 48 horas Néstor Kirchner se reunió dos veces con el sindicalista que conduce la central izquierdista CTA, Víctor De Gennaro, y le prometió avanzar hacia la desregulación del gremialismo argentino. Es decir, acceder al reclamo proveniente desde esa central obrera para que se reforme radicalmente el régimen ideado por Juan Domingo Perón en los años '40, que tiene tres características principales: la existencia de una sola entidad con personería gremial, de un solo convenio colectivo y de una sola obra social por rama de actividad productiva. De Gennaro y su CTA vienen reclamando, con el respaldo de la Organización Internacional del Trabajo, que se les reconozca personería gremial a las entidades inscriptas en el Ministerio de Trabajo, aunque no reúnan a la mayoría de los afiliados de cada rama de actividad. Esto permitiría que la CTA fuera considerada una central oficial, como la CGT de Rodolfo Daer. Y también que las agrupaciones minoritarias, en general de izquierda, puedan transformarse en sindicatos oficiales, cobrar una cuota, firmar un convenio propio y crear su propia obra social. Si se agrega a esta iniciativa, que demandaría decretos de necesidad y urgencia o una ley, la reforma en el PAMI, habría que presumir que la guerra contra el sindicalismo tradicional (al que Kirchner aún no recibió) está declarada.
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Sindicalista 1: «No te preocupés, ya me lo dijo Ginés (González García, ministro de Salud), todo lo que está haciendo Kirchner es para la gilada y después negocia».
Sindicalista 2: «Sí, ya lo sé, pero me parece que la gilada somos nosotros».
El gremialismo tradicional, agrupado en la CGT que conduce Rodolfo Daer y que reúne a los habitualmente denominados «gordos», entró ayer en un estado de gran inquietud. Néstor Kirchner recibió por segunda vez en dos días al titular de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Víctor De Gennaro, quien abandonó el despacho presidencial declarando que «esta vez sí habrá desregulación del sindicalismo en la Argentina».
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