El dijo en su discurso que no será «oposición», y ellos le agradecieron el gesto en una comida protocolar por la noche, pero ayer siguieron los buenos modales entre el gobierno nacional y el nuevo jefe porteño, Mauricio Macri, en el inicio coincidente de las dos gestiones.
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Fue Alberto Fernández, el jefe de Gabinete reasumido, el primero en contestar que el gobierno nacional «no está para obstruir» su tarea, sino para ayudarlo.
«En lo que se lo pueda ayudar, ojalá podamos hacerlo, más allá de todas las diferencias que seguimos teniendo y las visiones conceptuales que nos separan. Creo que él y cualquier gobernador en la Argentina que necesite del gobierno nacional tiene que recibir el apoyo que necesite», dijo Fernández por la mañana.
Después contó que el domingo por la noche en el Palacio San Martín se encontró con Macri, se saludaron y le agradeció «las palabras de apoyo a la Presidente» que expresó en su discurso en la Legislatura cuando asumió como jefe de Gobierno porteño.
Ayer por la tarde, en su primer día de gestión, Macri continuó el diálogo desde una conferencia de prensa. Dijo que buscará «maximizar las coincidencias y minimizar las diferencias» con Cristina de Kirchner.
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«Estamos en una etapa en la que preferimos maximizar las coincidencias y minimizar las diferencias» porque «lo importante es ver hechos concretos, que se abra el diálogo y trabajemos juntos», dijo. Luego, destacó parte del discurso de Cristina de Kirchner cuando declaró que «la gente» los «eligió para trabajar juntos» y también dijo estar de acuerdo en «valorar la ciencia y la tecnología como capacidad de agregar valor a nuestra producción, y con que no puede haber diferencia a esta altura entre la industria y el campo, ya que los dos son ecuaciones que nos sacan adelante con mejor empleo», mencionó al presentar un plan de obras para escuelas.
El jefe de Gobierno porteño anunció la «emergencia» en las edificaciones escolares, que solucionará utilizando la norma que le permite hacer contrataciones directas y licitaciones privadas.
La ley que le otorgó a Macri esos superpoderes fue votada el mes pasado por la Legislatura porteña, antes de que el funcionario asumiera su cargo.
Promesa
Ayer, Macri y el ministro porteño de Educación, Mariano Narodowsky, hicieron el anuncio sobre las obras que se realizarán en el verano, desde una escuela del barrio de Boedo. Los acompañó, entre otros, Andrés Ibarra, ex gerente de Boca Junior, quien manejará el dinero del ministerio para la reparación de escuelas.
Macri prometió que «algunas escuelas van a estar terminadas para marzo» y justificó la sanción de la norma que le permitirá agilizar el trámite para las refacciones, ya que puede saltear los pasos usuales que tiene una licitación pública.
Entre la comitiva, además de la vicejefa Gabriela Michetti, estuvo Gustavo Lesbergueris, a cargo de la Defensoría del Pueblo, organismo que emitió un informe sobre el mal estado de los establecimientos escolares, que según el macrismo suman 750 en condiciones de requerir obras para funcionamiento. En el primer día de gobierno, el jefe porteño pareció hacer caso a Mirtha Legrand, quien alguna vez repitió: «Yo me aparecería en una guardia de hospital a la noche», y Macri desembarcó en el Hospital Fernández, que dirigía hasta hace pocos días Jorge Lemus, el ministro de Salud porteño que asumió su puesto el lunes pasado. El desembarco recordó una práctica que también supo utilizar Fernando de la Rúa en la Capital Federal, pero en su caso siempre se dijo que una comitiva «avisaba antes» de la llegada del mandatario.
También ayer Macri se entregó a varias visitas «sorpresa», junto al ministro de Seguridad y Justicia, Guillermo Montenegro; y el secretario general del Gobierno, Marcos Peña, entre otros funcionarios. Fue a escuelas y a dependencias de la administración de la Ciudad, como la Guardia de Auxilio, que considera es uno de los organismos que funcionan bien.
Recién hoy será la primera reunión formal del gabinete, que la semana próxima piensa realizar en un barrio de la Ciudad.
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