Se refresca Cristina de Kirchner después del discurso junto a los gobernadores José Alperovich
y Mario Das Neves. Néstor Kirchner, estrella invitada, saluda a la barra, Miró el acto
junto a gobernadores.
La forma fue muy diferente; el mensaje no tanto. Al cumplirse quince días del lock out del campo, Cristina de Kirchner convocó anoche al diálogo a las entidades rurales pero puso como condición básica, « innegociable», que se suspendan la medida de fuerza.
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Escoltada por su esposo, Néstor Kirchner, gobernadores, intendentes, sindicalistas y piqueteros, y vitoreada por un auditorio masivo, la Presidente usó un tono menos ríspido que en el mensaje del último martes, aquel que agudizó la protesta y detonó cacerolazos.
La de anoche era otra Cristina: evitó, a diferencia de su discurso de 48 horas atrás, hablar de «extorsionadores» o «piquetes de abundancia» y se enfocó sobre la urgencia de negociar. Marcó, eso sí, una pauta: « Dialogar con una pistola en la cabeza es muy difícil».
Tuvo otro giro: «Yo les pido humildemente -remarcó- como presidenta de todos los argentinos y en nombre de todos los argentinos que levanten el paro para entonces sí dialogar, levanten el paro». « Humildemente -insistió- levanten el paro y vamos a dialogar.»
Pausada, a veces didáctica, Cristina de Kirchner habló una y otra vez de diálogo pero, con idéntica insistencia, cuestionó el paro agrario y sus alcances. «Las puertas de la Casa Rosada están abiertas -dijo- pero, por favor, levanten las medidas contra el pueblo.»
Disparó, sin embargo, un reproche: en dos ocasiones, relató, a través del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y del ministro de Economía, Martín Lousteau, el gobierno trató de fijar una vía de negociación con las entidades pero, dijo, éstas lo rechazaron. El llamado de la Presidente al campo estuvo precedida por una negociación secreta entre la Casa Rosada y dirigentes agropecuarios que se congeló a media tarde (ver aparte) a la espera de observar el impacto que el mensaje tendría en los piquetes chacareros.
La matriz de esos contactos reservados se reflejaron en las palabras de la Presidente, puntualmente en los párrafos destinados a descomprimir el malestar de los pequeños productos a los que diferenció de los «pool» de siembra y las grandes explotaciones.
Se trató, confesaban ayer en el gobierno, de subsanar tardíamente un error. Al anunciar la suba de las retenciones el 11 de marzo pasado, el gobierno -o Martín Lousteau- evitó discriminar entre pequeños y grandes productores. Ayer, Cristina de Kirchner machacó sobre esa distinción.
«Algunos quieren hacer creen que vamos por los pequeños productores», dijo. Unica oradora, con Kirchner, el vice Julio Cobos; el jefe de la CGT, Hugo Moyano; gobernadores como Daniel Scioli, Juan Manuel Urtubey, Mario Das Neves, José Alperovich, la mayoría de los legisladores nacionales del oficialismo, alcaldes y ministros sobre el escenario, la Presidente mantuvo, durante los 45 minutos de discurso un tono cauto, casi pascual.
Apiñados, la tropa arrimada por intendentes del conurbano y grupos piqueteros también moderó sus pasiones. Hubo silbidos contra Mauricio Macri pero la oradora -que criticó al porteño- los apagó; también ordenó que se callen para que escuchen su discurso.
«No confundamos las palabras con los gritos», adiestró. Curiosa mutación: buena parte de los «invitados» a Parque Norte estuvieron las noches pasadas en Plaza de Mayo, comandados por Luis D'Elía que tuvo una butaca en el escenario para espantar a los caceroleros.
Las marchas sobre Plaza de Mayo y distintos barrios de la Capital Federal se filtraron en el discurso de la Presidente que hizo una radiografía de esas protestas. Afirmó que «no fueron espontáneas» porque hubo «cadenas de mails» desde la mañana del martes.
Apuntó, además, que de esa movilización participaron «conocidos defensores y defensoras de genocidas». Se refirió, sin nombrarla, a Cecilia Pando, que el atardecer del martes, participó de un acto junto a ex militares en la Pirámide de Mayo.
«Son los mismos que critican nuestra política de derechos humanos», precisó y citó un graffiti que decía «Kirchner montonero, que vuelva Videla». «¿Quién puede decir algo así? ¿Quien puede querer que Videla vuelva?», se preguntó, con una mueca mezcla de espanto y lamento.
Transitó, además, un territorio ideológico al refutar a los que plantean el conflicto del campo, con su extensión en las protestas de caceroleros, como un enfrentamiento «entre el peronismo y el antiperonismo». En ese tramo, como pocas veces antes, se declaró «peronista».
Un elogio final a su marido -viene a continuar con «su transformación»-, saludos para las 5.000 personas que rebasaron Parque Norte y luego el regreso, veloz, a Casa Rosada. A esa hora, con algunos cacerolazos tímidos, empezaba el segundo round. Por un lado, se esperaba una reacción positiva del campo; por el otro, se armaba la secuencia de marchas cristinistas: hoy, piqueteros marcharán a Plaza de Mayo; el martes, el pankirchnerismo que une al PJ, socialistas y organizaciones, armará su «Plaza del Sí».
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