Crónica y fotos de una asunción acalorada en la Plaza de Mayo
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Bajo un sol tajante, una multitud recibió a Mauricio Macri desde la Plaza de Mayo.
María Emilia, de 33 años y empleada de una empresa tecnológica, le pidió a Macri "que si encuentra un ñoqui o un corrupto, lo eche del Gobierno". En otro tono, pero igual de acalorado, Juan Ignacio, de 27 años, señaló que quiere que el presidente "saque al país adelante sin divisiones".
Los bares del centro de la ciudad con aire acondicionado se llenaron de entusiastas vecinos que no querían perderse el discurso en el Congreso. El clima era festivo y de alegría. Muchos llegaron con globos celeste y blanco y con banderas argentinas. En la Plaza, la ofrecían a $ 80. El bombón helado a $ 10. A diferencia de la despedida de Cristina, hoy no se mezcló entre la gente el humo de las brasas y el olor a chopiran, hamburguesa y bondiola. Eso queda para otras convocatorias. El único choripanero cercano armó el puesto en Dos Congresos, pero se fue en seco: no vendió nada.
El único momento de tensión se vivió cuando un grueso grupo de intolerantes insultaron y agraviaron a las Madres de Plaza de Mayo que realizaron la tradicional ronda de los jueves, una vez que el descapotable estacionó en el playón de Presidencia y las vallas se abrieron de par en par. Sin Hebe de Bonafini, las madres y un centenar de militantes kirchneristas se abrieron paso entre los macristas que les impregnaron todo tipo de afrentas. Incluso, intentaron frenar el lento marchar de las "viejas". A coro, exultantes, los reunidos por Macri les gritaban: "Sí se puede, sí se puede". Los que acompañaba a esas mujeres que todavía buscan a sus hijos desaparecidos replicaban: "Madres de la Plaza, el pueblo las abraza".
El auge de la convocatoria que lanzó Macri por Facebook se palpó cuando recibió los atributos, el bastón y la banda, y la posterior salida al "balcón de Perón". Néstor y Cristina de Kirchner no lo hicieron. Pero el exjefe de Gobierno porteño se asomó con un micrófono en mano junto a Awada, la pequeña Antonia, Gabriela Michetti, el novio de la vice, Juan Tonelli, los fotógrafos oficiales y algunos miembros del gabinete. "Siempre voy a ser sincero y mostrar tal cual son los problemas porque sé que el pueblo argentino es lo suficientemente inteligente para trabajar juntos y resolverlos. Les quiero agradecer. Esta Argentina la construimos todos juntos", expresó eufórico antes de entregarse a la danza, con la ayuda de una cumbia de Gilda.
Pasadas las 14, la ceremonia había finalizado y comenzó la desconcentración. Se sentía la fatiga del rayo de sol. Los oficinistas volvieron a sus tareas y los venidos de lejos regresaron a sus hogares. Hoy, la Plaza de Mayo y todos los que la visitaron fueron testigos de la asunción del sexto presidente elegido por el voto popular desde el retorno de la democracia.





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