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18 de junio 2008 - 00:00

Cumbre de empresarios: de la angustia se pasó a la calma

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El clima de pesado pesimismo que campeó en los integrantes del Comité Ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA) durante el almuerzo de ayer en la sede de la entidad, y que se acrecentó con la larga exposición de Néstor Kirchner, se disipó en buena medida después del discurso de la presidente Cristina de Kirchner.

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Las palabras del piquetero Luis D'Elía del domingo y la falta de desautorización por parte del gobierno el lunes, sumada a la certeza por esas horas de que el acto de Plaza de Mayo se llevaría a cabo en un clima por lo menos incierto, echaron una sombra rayana con la angustia entre las dos docenas de empresarios que participaron de la reunión del Comité Ejecutivo de la central fabril.

Algunos por estar de viaje (el presidente Juan Carlos Lascurain; el vicepresidente por Ledesma, Federico Nicholson) y otros por enfermedad (el papelero Héctor Massuh) se perdieron el cónclave; entre quienes estuvieron en el edificio Carlos Pellegrini se contaron Luis Betnaza (Techint), Juan Carlos Sacco (gráficos), Adrián Kaufmann Brea (Arcor), Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), Cristiano Rattazzi (Fiat), Héctor Méndez ( plásticos) y José Ignacio de Mendiguren (indumentaria).

«Todo es un quilombo; nadie tira una idea; todos echan nafta al fuego. ¿Cómo termina esto? ¿Dónde para esta pelea? ¿Cuándo volvemos a vender, a producir, a tener insumos?», eran los dichos que se escuchaban entre la frugal entrada de fiambre con ensalada rusa y el no menos frugal pollo al horno con papas. Los dichos del Kirchner varón hicieron poco para tranquilizar a los más angustiados, pero hubo un cierto alivio cuando afirmó «no soy el exégeta de D'Elía»; un rato más tarde el alivio se acentuó cuando el diputado bonaerense José María Díaz Bancalari y jefe del PJ de ese distrito desautorizó aún más al piquetero amigo del secretario de Comercio Guillermo Moreno al recordar que «ni siquiera es peronista».

El único de esos comensales que aceptó hablar fue Rattazzi, quien dijo que le pareció «una idea brillante que la Presidente haya recurrido al Congreso como vehículo para destrabar este conflicto. Yo nunca oculté que estoy en contra de las retenciones, pero me parece excelente que se trate el tema en el Legislativo, y esto además le devuelve la vida a una de las instituciones fundamentales de la República, que parecía estar dormida».

Por su parte Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, dijo desde Posadas que «me pareció muy positivo el párrafo del discurso de la Presidente en el que habló de retomar el diálogo. Es lo que estaba pidiendo toda la sociedad, y va a contribuir sin dudas a la paz social.

En cuanto a las retenciones, no hay dudas que quedará saldada la discusión si son tratadas por el Congreso, cualquiera sea el resultado del trámite parlamentario».

  • Unica salida

    Sin embargo, otros dirigentes de la UIA dijeron «off the record» que la única forma de retomar el crecimiento y revivir una actividad económica que viene en picada desde hace tres meses sería retrotraer la situación de las retenciones al 10 de marzo, lo que se traduciría en un «shock» inmediato de confianza tanto entre los empresarios como entre los consumidores.

    Vale entonces dar un ejemplo del enfriamiento que se comprueba sin escarbar demasiado: un reputado desarrollador inmobiliario, que está levantando sendas torres de lujo en dos de los barrios porteños más buscados por los inversores, dijo a este diario que «en mayo y en lo que va de junio concretamos tres ventas; hasta que empezó el paro del campo veníamos a un ritmo de diez por semana... Nuestros vendedores hoy hacen palabras cruzadas».

    Otro hombre de la UIA, de los menos optimistas, pidió más flexibilidad al gobierno con una idea que parece casi una apostasía, a la vista del discurso del Kirchner varón: volver a tomar créditos con el Fondo Monetario Internacional. El empresario recordó que el FMI podría otorgar créditos a la Argentina a una tasa de 4,2% anual; sin embargo, el gobierno prefiere endeudarse con Venezuela que le cobra 12,6%; si se toma el monto de la deuda con el régimen chavista y la diferencia de tasa, el Estado tendría en sus arcas u$s 900 millones más, que es un monto similar al que se espera recaudar con el cuestionado régimen de las retenciones móviles.

    Otro de los participantes del almuerzo -que combina su actividad industrial con su condición de productor agrario, como muchos de los hombres de la UIA-se encrespaba cada vez que alguno de los Kirchner acusaba a los ruralistas de cortar las rutas. «¡No es la gente del campo: hoy los cortes los hacen los transportistas!», predicaba entre sus propios prosélites.

    Fuera del ámbito de la UIA, un fuerte empresario de la alimentación reconoció que el envío del régimen de retenciones al Congreso es un antecedente importante, porque -según él-ya no habrá posibilidades de que el Ejecutivo legisle «de facto» sobre cuestiones impositivas.

    También calificó de «fundamental» que el Kirchner varón haya « tirado por la borda» (sic) a D'Elía, pero reconoció que quizás debajo estuviera esperándolo un bote salvavidas, con el que podría llegar hoy al acto de Plaza de Mayo, del que -finalmentefue el primer convocante. Terminó asegurando que no veía posibilidades de que en los discursos de hoy se usen para agitar los ánimos. «Todo lo contrario: creo que se avanza hacia un clima de distensión.»
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