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11 de julio 2008 - 00:00

Curiosa conducta de Camaño

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Eduardo Camaño ascendió a los cielos. Fue presidente de los argentinos, estuvo a cargo de la Cámara de Diputados, era álter ego legislativo de Eduardo Duhalde, acompañó a Roberto Lavagna como experto político y, en todo ese período, se tiñó de un solo color: su constante crítica al kirchnerismo, el desprecio a la forma de conducción del matrimonio (el cual, por otra parte, le reservaba una indiferencia rayana en el repudio). Entre los deleznables que solía mencionar estaba, por supuesto, el hoy senador José Pampuro, al cual detestaba por haber traicionado a los Duhalde. Curiosamente, tal vez por imperiosa necesidad laboral, hoy Camaño encontró ocupación (como a tantos, no le alcanza la jubilación) en la periferia del Senado, en la oficina de Pampuro. Y, si bien ha perdido algunas condiciones, hay otras que aún conserva: Kirchner lo ha designado para que no se pierdan las adhesiones en la Cámara alta, para que evite desvíos o dudas y, sobre todo, para ver si captura -finalmente es un puntero bonaerense- esas almas perdidas que titubean entre el campo y el gobierno, dispuestas a considerar los fundamentos más sólidos para expresarse en contra o a favor de las retenciones.

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