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Marcelo T. de Alvear regresó en 1922 al país también para asumir como presidente de la Nación, tras haber estado en París como embajador argentino cuando ganó la elección con 47,5% de los votos.
También puede compararse, aunque no hubo votos, con aquel general Marcelo Levingston que recibió en Washington la noticia de que asumiría como presidente de facto de la Argentina, para lo cual debió regresar urgente cuando era representante argentino en la Junta Interamericana de Defensa. Esto era en 1970 y lo había designado para la máxima magistratura del país una junta militar -Gral. Lanusse, Alte. Gnavi y Brig. Rey- que gobernaba la Argentina tras el golpe militar contra el presidente radical Arturo Illia, en 1966.
Todo lleva a descontar el triunfo de Cristina Kirchner el domingo salvo que sucediera el raro fenómeno de que en el cuarto oscuro las boletas con el escudo peronista -que irá solo en las de los duhaldistas- imantice a los votantes para que las introduzcan en los sobres, olvidándose de la enorme cantidad de prebendas recibidas desde el gobierno. Es el último sueño del matrimonio Duhalde que ocurra eso tras ver perfeccionado en los Kirchner lo que ellos reinstalaron desde la década de 1930, el voto comprado con dádivas directas a los votantes como no se recuerda en similar nivel en la historia del país. En 1946 el general Juan Perón se encontró con una fortuna en divisas acumuladas durante la Segunda Guerra Mundial cuando la Argentina alimentó al mundo y no podía importar productos industriales porque todos los países dedicaban sus fábricas al esfuerzo bélico.
Perón dilapidó recién después tanta riqueza pero no la pudo usar para ganar los comicios de 1946 sino que le bastó su inmenso carisma personal. Los Kirchner no lo tienen pero la abundancia de dinero logra el mismo triunfo repartiéndolo. Perón gastó tanta riqueza sin prever el futuro. Por caso encaró industria liviana (heladeras, lavarropas y hasta autos sin iniciar primero industrias base como siderurgia, petroquímica, etc.). Néstor Kirchner refrenda que los argentinos tenemos políticos sin visión porque gastan en lo liviano o regalan dinero de un momento próspero sin invertir en soluciones de fondo que aseguren real desarrollo y no bienestares efímeros.
• Fondos genuinos
La diferencia, a su vez, en la demagogia de ahora con la del duhaldismo, aunque siempre dentro de una metodología electoral degradante para una Nación, es que el kirchnerismo tiene fondos genuinos para despilfarrar por cada voto dado un excepcional momento externo para la Argentina. Los Duhalde ejercieron durante años el poder sin tal abundancia genuina y eso los llevó a destruir la economía bonaerense y su banco, contribuyendo así al estallido del país en diciembre de 2001.
Tenemos un país donde cada elección bianual es un parto de los montes, una cuestión de vida o muerte cuando debía ser un paso rutinario en una democracia. En las épocas de caída al igual que en las de bonanza -algo que no deja de ser insólito- mantiene siempre una elección a los ciudadanos con el corazón en la boca. En el declive económico, como en los últimos 4 años, es comprensible por las consecuencias en el nivel de vida. Pero que con la suerte externa que nos trae holgada recuperación también nos agobie la angustia no tiene sentido. Estamos a 4 años de una crisis tremenda en 2001 sólo equiparable para el país a la mundial de 1930.
El actual gobierno, aunque sea legítimo buscar sustentación al poder por la política, no tiene razón ni derecho a alterarle a la sociedad la tranquilidad recuperada por lo menos a 60% de la población tras lo duramente vivido. No es la dádiva circunstancial sino la inversión la que dará bienestar al restante porcentual ciertamente elevado de la sociedad que vive ahogada de necesidades. No ayuda al momento la iracundia, el mesianismo, la venganza, los rencores acumulados, el menoscabar la justicia, el despreciar al que piensa distinto, el no aceptar la libertad de prensa, el imaginarse que la historia del país comienza a crearse cuando el kirchnerismo llega o desde que gane una elección, menos si lo hace con una grosera manipulación de fondos públicos no del partido gobernante y buscando beneficiarse de que la gente no vaya a votar al extremo de aconsejarle hacerlo desde la Casa Rosada. Inclusive no se desea concurrencia de la que recibió prebendas por temor a un giro antigobierno en la soledad de un cuarto oscuro.
Un acto democrático como son los comicios del domingo próximo tampoco merece tener a un amplio sector de la población alarmado por los discursos triunfalistas, interpretaciones ideologizadas de un voto fundamentalmente pagado y la acechanza de intentos hegemónicos de fanatizados como puede sobrevenir tras este pronunciamiento de las urnas.




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