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21 de agosto 2006 - 00:00

"Desaparecidos fueron 10 mil"

El ex ministro de Justicia Ricardo Gil Lavedra integró el tribunal que enjuició a las juntas militares de la última dictadura. El constitucionalista revé ahora los acontecimientos de los 70 y asegura que sólo hubo 10.000 desaparecidos y que la guerrilla «no fue romántica ni idealista: asesinaba fríamente». Raro que no repite el lema de los 30 mil que enarbola la izquierda y más si se trata de uno de los hombres que juzgaron y condenaron a los mandos militares. Durante el fin de semana, Gil Lavedra disertó en la Casa Radical de Córdoba, donde la periodista Rosa Bertino, del diario «La Voz del Interior», le realizó un reportaje.

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Periodista: ¿La persistencia en revisar los crímenes de la dictadura contribuye a la pacificación nacional?

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Ricardo Gil Lavedra: Las atrocidades perpetradas por el Estado deben ser sometidas a un exhaustivo escrutinio. Este gobierno ha tomado medidas acertadas, al impedir que continuara la impunidad. Pero también hay que decir que leyes como las de obediencia debida y punto final fueron necesarias, en su momento, para afianzar el camino hacia la democracia. Probablemente, no estaríamos hablando de lo que estamos hablando ni se podrían haber encarado estas políticas y continuar investigando, si aquellas normas no hubieran ayudado a construir un nuevo escenario.

P.: ¿Episodios como el de Cecilia Pando y la reivindicación militar son una respuesta a la actitud del gobierno?

R.G.L.: Prefiero no abrir juicio al respecto. Personalmente, apoyo muchas de las medidas tomadas por este gobierno, pero condeno la sobreactuación. No se puede hacer oportunismo político con los derechos humanos. Es probable que ciertos sectores lo interpreten como una provocación.

P.: Muchos argentinos piensan que la política de Néstor Kirchner deja impunes los crímenes de la guerrilla y que, incluso, los glorifica.

R.G.L. El terrorismo de Estado fue y es el principal responsable de que el terrorismo de los 60 y 70 haya quedado impune. Nuestro sistema sólo permite condenar a través de juicios. Es decir, aplicando la ley. Por fortuna, somos una sociedad imbuida de ese principio. Haber torturado y matado a militantes y simpatizantes logró «absolver» a la guerrilla. Sin embargo, la mayoría de los terroristas eran eso -asesinos y terroristas- y de alguna manera provocaron la cruenta represalia de los 70. De ningún modo eran «jóvenes románticos e idealistas», como insisten sus defensores. Pero muchos de los jóvenes que murieron por esta causa sí lo eran.

P.: ¿Qué opina del rol oficialista de Estela de Carlotto y las críticas que está recibiendo?

R.G.L.: Abuelas de Plaza de Mayo jugó un papel esencial en la recuperación de la memoria y los muertos. No podemos olvidarnos ni desmerecer su importancia. Es lógico que estén muy agradecidas a este gobierno, que las ha reivindicado y les da una participación activa. Con respecto a las críticas, era inevitable que en algún momento la sociedad empezara a preocuparse por los derechos vulneradosactualmente.

P.:
¿Por qué vemos sólo los horrores del pasado?

R.G.L.: Hay una tendencia a identificar los derechos humanos con las atrocidades del pasado. En todas partes y en todos los tiempos se observa la misma inclinación a reescribir la historia. Es como un anhelo latente. En la Argentina, el esclarecimiento de la violencia pasada ya está encaminado. Ahora ocupémonos del presente. La desigualdad y la iniquidad atentan claramente contra los derechos humanos.

P.: ¿Tenemos una democracia plena?

R.G.L.: Llama la atención que un gobierno que se tilda de progresista no tenga más respeto por las leyes. Abusa de los decretos de necesidad y urgencia, no transparenta los gastos, concentra facultades y poderes en el Ejecutivo y desaprovecha la posibilidad que le da la Constitución de legitimar un plan de gobierno. Porque el Presupuesto es eso: un plan de gobierno. Las ponencias de la primera dama, Cristina Fernández, en el Senado, configuraron una falacia de inatinencia. Fueron erróneas y desatinadas, porque no prueban lo que dice. Sostener que «hacemos tal cosa porque los otros también lo hicieron» no es un argumento y demuestra que este gobierno es más de lo mismo. No ha venido a cambiar nada.

P.: Se aduce que para manejar el país, en estas condiciones, hacen falta más o mejores poderes.

R.G.L.: Que otros gobiernos hayan apelado a estas medidas no justifica que se las siga tomando. Al contrario, éste sería el momento de construir un futuro nacional. La Argentina se encuentra frente a una oportunidad histórica. No es una muletilla; es una realidad. Con el superávit, con las ventajas relativas que dejan las commodities, con la calidad de nuestra gente, se podrían establecer políticas de largo alcance y sentar las bases de un país en serio.

P.: La dictadura dejó 30 mil desaparecidos. UNICEF dice que hay casi 20 mil menores privados de su libertad, por pobreza o por escasa contención familiar. ¿Son los nuevos desaparecidos?

R.G.L.: Aclaremos que el Proceso dejó 10 mil desaparecidos, no 30 mil. Este número es una figura que probablemente comprende a los exiliados y otras ausencias. Muertos, literalmente hablando, son alrededor de 10 mil. No quiero hablar de «nuevos» desaparecidos, sino decir que 20 mil chicos sin futuro es un horror.

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