El radicalismo se parece cada vez más al trotskismo vernáculo: vive -o, paradójicamente, se suicida- de fractura en fractura. Mañana, en Mar del Plata, florecerá otra escisión de lo que alguna vez, tiempo atrás, fue un partido centenario, masivo y popular.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Simbólicamente, los congregados tumbarán las estatuas de dos históricos jefes de la UCR bonaerense: Federico Storani y Leopoldo Moreau, lo que en los hechos implica por extensión incendiar los cuadros con la imagen de Raúl Alfonsín, protector de los ex jóvenes brillantes.
Pero, en paralelo, desempolvarán las boinas blancas. «Somos radicales», dirán como en una oración kármica para tratar de marcar su identidad. Se dirán opositores a Néstor Kirchner pero también se expresarán alejados de la línea que encarna Gerardo Morales, jefe de la UCR.
El destete definitivo de Storani y Moreau no es ilusorio: la mayoría de los que se reunirán en la Facultad de Derecho de Mar del Plata provienen de la CON storanista y, en menor porcentaje, del MODESO que ordenó durante casi dos décadas Moreau.
Con la irrupción de los radicales «silvestres», la UCR de Buenos Aires se reparte en cuatro bloques genéricos. Por un lado, los K cercanos al gobierno; por otro, los margaritos ligados a Elisa Carrió; en tercer lugar la UCR de Morales; ahora los silvestres.
De ese puzzle, los nacientes se declaran incompatibles con los K, sin acuerdo posible con la UCR oficial y de «facilidad de diálogo» con los margaritos, con los que tienen en común la condición de opositores al gobierno de los Kirchner y al de Scioli.
Tendrán, más temprano que tarde, una sintonía con Stolbizer y Carrió aunque eso está, por ahora, en un segundo plano de la discusión.
Con la rama Morales, que expresan en Buenos Aires Storani y Moreau, la relación es de conflicto permanente. Es más: en Mar del Plata plantearán la normalización partidaria del comité provincia y de la convención provincial, cuyos mandatos están vencidos desde agosto del año pasado.
Afiliación
«El partido está en una virtual intervención», dicen los amotinados y apuntan al cuarteto que domina los resortes partidarios: los moroístas Cecilia Moreau, hija de Leopoldo, y Carlos «Cacho» García; el storanista Rubén «Bebe» Lanzetta, y Víctor Bambill, ladero de Ricardo Alfonsín.
Al comité le pedirán que convoque a una « afiliación cero» que implique borrar todo y empezar de nuevo, y que haya un proceso de elecciones de autoridades partidarias controladas por veedores judiciales. Un pedido para la tribuna que nadie escuchará en Paseo Colón.
El adiós al storanismo Freddy volvió luego de un largo silencio a juntar a su gente: de peso, sólo Lanzetta y Carlos Gorosito; Moreau anda de gira por el Congreso casi como un diputado másy al moroísmo será, en sí, una especie de parricidio.
Estigma de una UCR que supo gozar de muchos legisladores, intendentes y concejales, ahora la mayoría de los que se juntarán en Mar del Plata son «ex» algo: ex legisladores, ex alcaldes, ex funcionarios. Son, por tanto, «silvestres» por partida doble.
Con presencia territorial concentrada en el interior, estarán los senadores Jesús Porrúa, Diego Rodrigo y Nora Arbio; el intendente Walter Batistela; Gustavo Vignale, Juan Pedro Tunessi, Marcelo Elías, Juan Gobbi, Luis Baldo y Marcelo Di Leo, entre otros.
Dejá tu comentario