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Ruega el ministro José Pampuro que Kirchner no produzca, como ha sido su estilo, un lampazo brutal en Ejército y, en el caso de que releve generales, éstos no sumen una docena o una veintena, como hizo hace una quincena en la Fuerza Aérea (y en otras operaciones traumáticas anteriores). Claro que a Pampuro, últimamente, casi por deporte, el Presidente no le concede ningún gusto. Más bien, le produce gasto (dicen que de tanto gastarlo quizá lo deje en carne viva).
Podría suceder, sin embargo -para el interrogatorio de Pampuro frente al espejo preguntándose ¿qué estoy haciendo yo en este lugar?-, que Kirchner opte por designar en lugar de Bendini a uno de los últimos ascendidos, como hizo con la Aeronáutica. O sea, pasar el alfanje sobre la cabeza de unos 20 generales (dos tercios del mando) y detenerse en Gustavo Anshutz, hombre de caballería, que hoy porta la distinción y la gracia de estar a cargo de una brigada en Santa Cruz (como se sabe, el pasaje mágico para cualquier ascenso, como antes era necesario en la vida política de los 90 haber nacido en La Rioja, cantera maravillosa como la sureña para ocupar puestos clave). Lo curioso de Anshutz, si trepase a la cúpula, es que dispone de tal confianza de Bendini que, en su cargo geográfico, fue elegido por el actual jefe para que le custodie también la causa que quizás ahora lo tiene al borde del retiro.
Porque el epílogo de Bendini en Ejército sería conse
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