Durante más de media hora Hugo Chávez, presidente de Venezuela, le habló ayer a diputados y senadores que se habían reunido en el Salón Azul del Congreso para darle una recepción oficial acotada, muy lejana a una Asamblea Legislativa, como se realiza normalmente cuando un mandatario extranjero visita el país.
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Ese bajo perfil fue perfectamente estudiado y por eso se le disminuyó la categoría al encuentro con una reunión fuera del recinto de sesiones. La sorpresa la dio, de todas formas, la sindicalista Alicia Castro, que cerró el acto con un discurso antinorteamericano y pro izquierda, en su carácter de presidenta de la Comisión de Amigos de Venezuela. Nadie entendió qué protocolo se usó para ubicar a una diputada última en la lista de oradores, después del vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, y del propio Chávez.
«La independencia de España no generó la independencia de los pueblos, una cadena fue rota para ser sustituida por otra cadena», dijo ayer Chávez ante un auditorio que aplaudió cada una de sus definiciones. Aseguró después que uno de sus objetivos principales es hacer cumplir la Constitución de Venezuela, aunque sorprendió cuando sacó un ejemplar de la Carta Magna de su país más chico que la palma de una mano: «Se encuentra totalmente deteriorada, alguno hasta la utilizó para sentarse», dijo en relación con la Constitución.
Para endulzar a los peronistas presentes argumentó: «Tenía razón Perón, aquí estamos, en pleno siglo XXI, desunidos y bien dominados» y defendió el proceso de derogación de las leyes Obediencia Debida y Punto Final en la Argentina: «Para que se dé una verdadera integración se debe comenzar por mirar el pasado; como se está haciendo en estos días en América latina». Scioli recibió a Chávez señalando que «nuestros pueblos deben vivir mejor. Este es el imperativo de la época, respondiendo al doble e ineludible desafío de la globalización y la justicia social. El Mercosur es una herramienta privilegiada para lograrlo, debemos ampliarlo a las naciones hermanas como Venezuela», dijo sin dejar de utilizar un lenguaje moderado para evitar en todo momento que estallara la euforia chavista.
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