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30 de mayo 2006 - 00:00

Diputados: hablar menos, votar más

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Alberto Balestrini
El kirchnerismo apura para esta semana tres modificaciones al Reglamento de la Cámara de Diputados que supuestamente apuntan a agilizar el funcionamiento del recinto, aunque uno de ellos podría facilitarles el conseguir la mayoría a la hora de debatir leyes políticamente complicadas.

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Este último es el caso de uno de los cambios que aparece como más sencillo: devolver al presidente del cuerpo, en este caso Alberto Balestrini, la posibilidad de votar. Hasta ahora el jefe de Diputados sólo podía utilizar su poder de voto en caso de empate, aunque su presencia sí es computada a la hora de formar el quórum.

No es el mismo caso que en el Senado, donde el presidente provisional o quienes ocupan la presidencia en ausencia de Daniel Scioli siempre mantienen su derecho a votar y al mismo tiempo el uso del doble voto para desempatar. Ese esquema es el que ahora se quiere introducir en Diputados. Y aunque la modificación se introduzca para devolver un derecho al presidente del cuerpo, será un voto más para el oficialismo, algo que en algunos casos puede ser decisivo.

Al mismo tiempo, la Comisión de Peticiones, Poderes y Reglamento de Diputados emitirá hoy el dictamen de otro paquete de modificaciones al reglamento entre los que se incluyó establecer que todas las votaciones se realicen en forma nominal como rutina. Esto significa que no podrán sancionarse leyes votadas por el mero gesto de levantar la mano, sino que deberá quedar registrado en el sistema electrónico la intención de cada diputado de manera obligatoria sin que un diputado deba pedir que se realice en forma nominal.

El proyecto para identificar cada voto fue aprobado semanas atrás por la Comisión de Modernización de la Cámara y tiene dos años de demora en Diputados en relación con su implementación en el Senado. Allí fue aplicado mediante un proyecto de modificación del reglamento que presentó Cristina Fernández de Kirchner y que fue sancionado de inmediato por el recinto, aunque esa Cámara ya aplicaba el criterio desde antes.

  • Trámite demorado

    Cristina pidió después que una resolución similar se votara en Diputados, pero el trámite se demoró. Así el voto nominal, por ahora, sólo funciona cuando lo solicita algún legislador.

    Todas las reformas al reglamento -que debatirá la comisión que preside el kirchnerista tucumano Gerónimo Vargas Aignasse, el mismo que apuró el dictamen contra el ingreso de Luis Patti- tendrá dictamen hoy y bajarán al recinto mañana.

    Pero hay una última modificación que tendrá tanta utilidad en agilizar la tarea del recinto, como lo tiene el voto nominal para acentuar la transparencia (siempre que la planilla de votación sea luego puesta a disposición del público): se quiere limitar el tiempo y la cantidad de veces que un diputado puede hacer uso de la palabra en el recinto.

  • Un discurso

    Esa iniciativa fija que cada legislador podrá hacer uso de la palabra en la discusión en general de un proyecto una sola vez a menos que tenga que rectificar su exposición. Se terminarán así los largos debates sin sentido con diputados del mismo bloque que repiten conceptos en varias ocasiones los que hoy tienen el límite de cinco minutos por legislador más otros treinta minutos el bloque.

    Cuando se vote la reforma cada bloque de uno a tres miembros tendrá 12 minutos para hablar, los que tengan de cuatro a diez diputados 15 minutos y los de más de once diputados podrán exponer hasta veinte minutos. No será una solución definitiva, pero ayudará a calmar el tedio de horas de discursos sin contenido que sólo dilatan las votaciones e incluso en muchos casos las ponen en peligro cierto de quedarse sin quórum.

    No incorpora la reforma al reglamento otras disposiciones que han resultado útiles en distintos parlamentos del mundo. Por ejemplo, en el Capitolio de EE.UU. cada representante dispone de sólo tres minutos para exponer su punto de vista, un lapso que solamente se utiliza para fijar la idea central del proyecto ya que el verdadero debate -como también debería suceder en la Argentina- se da en las comisiones. Las leyes así llegan discutidas y cerradas al recinto que se limita, salvo casos históricos -ejemplo claro fue el impeachment a Bill Clinton-, a ratificar o rechazar lo acordado en comisión. Allí, como en la Asamblea Nacional de Francia, los representantes, además, deben levantarse de su banca y hablar con un atril frente al recinto. Abandonan así los legisladores la comodidad y el refugio que significa la banca para exponerse frente a sus pares, lo que ayuda a que los discursos superfluos sean evitados.
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