A un año del alejamiento que forzó Hugo Moyano al desplazarlos de la conducción de la CGT, los «gordos» iniciaron ayer un regreso cauto y lento. Es un movimiento parcial que refleja, además, una fractura en el bloque que integran los críticos del camionero.
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Mientras José Rodríguez (SMATA) estuvo en Obras Sanitarias, otros gremios -Unión Ferroviaria, Alimentación y Telefónicos- enviaron delegados. Y el trío que integran Armando Cavalieri (Comercio), Carlos West Ocampo ( Sanidad) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza) se mantuvo alejado.
Esas tres posturas marcaron la fragmentación del grupo que en julio pasado se fue con un portazo de la CGT cuando Moyano se instaló como jefe único, desplazando a Susana Rueda (Sanidad) de la cúpula que entonces estaba integrada por un triunvirato que completaba José Luis Lingieri.
Con sigilo, por dos vías se negoció el retorno. Por un lado, el taxista Omar Viviani. Por el otro, el llamado «comité de seducción» que comparten Luis Barrionuevo, ayer ausente en el congreso, Andrés Rodríguez de UPCN y Gerardo Martínez de la UOCRA.
Líbero
Moyano en persona tejió, con colaboración de Julio De Vido, la incorporación de Omar Maturano, de La Fraternidad, a quien suele computarse como «gordo» pero es, en realidad, un líbero con enlaces no del todo visibles con Barrionuevo.
Todo parecía encaminado pero, en el tramo final, se rompió en parte. Como este diario informó el martes, Moyano confiaba en que el congreso de Obras Sanitarias sería el escenario para que los « gordos» vuelvan a incorporarse, siquiera a través de sus delegados, a la cotidianeidad de la CGT.
No fue así. Cavalieri, West Ocampo y Lescano dinamitaron los puentes al sospechar que el abrazo podía ir acompañado de una puñalada. En rigor, Obras Sanitarias fue ayer zona ocupada por las barras de camioneros y taxistas, territorio hostil para cualquier quejoso de Moyano.
Eso explica, quizá, la ausencia de Barrionuevo, a quien se sindicaba como motor de algunos reproches contra el jefe de la CGT, referidos al modo de conducción.
Pero varias razones más explican por qué, una vez más, fracasó la gestión para unir lo desecho:
Sin ser el más sanguíneo, Cavalieri no quiere aceptar ninguna negociación hasta tanto no se siente a discutir con Moyano sobre el encuadramiento sindical.
West Ocampo y Lescano, a su vez -como plantean además Daer y Pedraza, a pesar de que enviaron algunos delegados-reclaman que se vuelva a discutir la mesa de conducción. Piden, como exceso, elecciones en 2007.
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