Néstor Kirchner recibió ayer junto a su canciller, Rafael Bielsa, a su antecesor, Eduardo Duhalde, acompañado también de su hombre en relaciones exteriores, Eduardo Amadeo. Hablaron de Mercosur y también de ESMA.
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Algunas incógnitas se despejaron anoche. Hay generales que no concurrirán a la reunión de la mañana: sospechan que, por el uniforme «de diario» que les ordenaron vestir, podría haber una formación para asistir al retiro de los cuadros, liturgia que suponen bochornosa. Otros, sencillamente, pidieron el pase a retiro antes de pasar por la encrucijada: el general Roberto Soloaga y el coronel mayor Juan Carlos Meredis adoptaron esa postura.
Kirchner apostó fuerte a este 24 de marzo, conmemoración que puede convertirse en un hecho político desafortunado. No sólo por el aislamiento que le impuso respecto del peronismo y que se advierte en una solicitada de cinco gobernadores. Un texto que, a propósito de la censura que implantó Hebe de Bonafini para asistir a los actos del día, parece dirigido al propio Presidente, de manera tácita, indirecta. También asumió un riesgo Kirchner por el desmanejo que puede ganar a las ceremonias que él convocó. No sólo en el Ejército, también en la ESMA hay inquietud.
Participarán numerosas organizaciones de derechos humanos y también agrupaciones políticas conflictivas, como «Quebracho», o piqueteros como Raúl Castells. Más allá de la placidez que prometen Joan Manuel Serrat, Víctor Heredia y León Gieco con sus canciones, anoche se temía algún desborde. Más preguntas: ¿dejarán que todos entren en la ESMA o el acto se realizará sobre la avenida Del Libertador? ¿Habrá un grupo selecto que entrará y otros que, tal vez irritados, quedarán fuera del lugar? «El miedo que tenemos es que, en vez de una conmemoración, todo se convierta en un saqueo.» Policía Federal y Gendarmería son las encargadas de que eso no suceda, fuera y dentro del predio, respectivamente. En esas dos fuerzas de seguridad circuló la hipótesis de que, una vez adentro del perímetro de la ESMA, hubiera militantes que no quisieran retirarse y tomaran el edificio, como «ocupas» ideológicos.
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