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21 de marzo 2005 - 00:00

Dura y desencantada, Vilma contra Verbitsky

Una carta que Vilma Ibarra le dirige a «Página/12» rechazando una acusación del periodista Horacio Verbitsky está entre los textos más interesantes que se publicaron durante el fin de semana. El periodista, en su nota del domingo anterior, la había mencionado como vinculada a «cajas negras» que existirían en la administración municipal. Es fuerte la respuesta de la senadora Ibarra y vuelve a vapulear a ese cronista y operador desde la izquierda, como ya hizo Julio Nudler, quien le dedicó un retrato parecido al de ayer. La carta interesa, por un lado, por su contundencia, que le hace pedir disculpas a aquellos sobre quienes tuvo malos pensamientos por el solo hecho de que Verbitsky los mencionaba como corruptos. Por otro lado, por provenir de alguien que milita en una corriente política con hábitos fetichistas respecto de la prensa, sobre todo de la prensa de izquierda. El texto es duro y acusa de ruin y deleznable la conducta de Verbitsky. El lector podrá leerlo a continuación. Pero más llamativa que la nota de la senadora es la respuesta de Verbitsky, que confirma de manera muy contundente algo de lo que lo acusan: con cinco renglones es capaz de destrozar los derechos y garantías a cuya promoción parece haber dedicado una parte de su vida. La única respuesta que cabía para la carta de la senadora era demostrar con algún hecho concreto que maneja una «caja negra» en el municipio.Verbitsky no lo hace y comete el error de contestar. Dedica media nota a una larga perorata sobre la corrupción de radicales y peronistas.Y termina criticando al Frepaso y a Aníbal Ibarra por nepotismo. Es evidente que la carta de la senadora Ibarra le hizo perder el equilibrio a Verbitsky. Para contestarle, el cronista menciona desviaciones en el Gobierno de la Ciudad (lo vincula con Raúl Moneta, enemigo de su patrón Héctor Magnetto, dueño oculto de «Página/12»), se queja por la convocatoria del plebiscito, recomienda hacerlo dentro de un año y consigna que la funcionaria investigada por el caso Cromañón, Gabriela Fiszbin, es amiga de Vilma (dice pero no demuestra que fue designada por eso). No consigue, está claro, fundar su acusación. Con argumentos similares, los Montoneros justificaban el exterminio de sus víctimas y los militares el de las suyas, en una época con la que Verbitsky se identifica demasiado. El final, para una antología del narcisismo: Verbitsky contesta el pedido de disculpas de la senadora por haber confiado en él como fuente diciendo que, al hacerlo, ella se alinea con Menem, Erman, Manzano, Pou, María Julia, etc. Como si la única fuente de juicio sobre esas personas fueran sus notas. Veamos la carta de Vilma Ibarra:

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Sé que varios colegas que trabajaron con Verbitsky afirmarían tal cosa. Yo, sinceramente, creo que no es cierta. Pero estoy segura de que ni
Alguno.
Mentiría si dijera que no me importa. Sí me importa. Y me duele.


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