La psicosis santacruceña, que se inició por el presunto ataque con un camión volcado contra la residencia presidencial en Río Gallegos y siguió hace diez días con el escrache que recibió la ministra Alicia Kirchner, mostró nuevos síntomas en las últimas horas con la detención de un joven (en profundo estado de ebriedad) que burló la custodia oficial y logró transitar los jardines de la propiedad que el matrimonio Kirchner posee en la Villa Turística El Calafate.
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¿Volverá a decir el gobierno que intentaron atentar contra la vida del Presidente? El nuevo episodio dejó en evidencia que hasta el momento ningún «ataque» o «irrupción» fue protagonizado por personas en su sano juicio.
Como se recordará, al vigilador José Walter Mansilla Alarcón, que condujo el camión hasta la casa de los Kirchner los peritos psiquiatras le diagnosticaron un «estado de demencia» y un profundo «desequilibrio emocional». Ayer, el joven de 21 años que hábilmente burló la custodia oficial y fue hallado vagando por los perímetros de la residencia, presentaba tal estado de borrachera que los efectivos de la Policía Federal que lo detuvieron no lograron hilar con coherencia ninguna de las frases que el vagabundo intentó improvisar.
El hombre -cuya identidad no se suministró «fue detectado cerca del alambrado que da al parque trasero de la residencia», relató el juez de instrucción de El Calafate, Oscar Narvarte.
«Fue un incidente menor, fue un hecho accidental, no tuvo intenciones, estaba ebrio, no es de la localidad y no sabía que era la casa del Presidente», señaló el magistrado, alejando cualquier hipótesis que pudiera generar otra horda de manifestaciones paranoicas como la que inició el ministro del Interior, Aníbal Fernández. «Los peritos me han informado que se trató de un atentado», había lanzado el bonaerense.
Liberado
Tras la indagatoria, «en donde no surgieron pruebas de que este hombre sea un delincuente, con el fiscal decidimos ponerlo en libertad», apuntó el juez.
El hombre estuvo detenido por unas horas a disposición de la Justicia y declaró «que nunca pensó que ése parque fuera propiedad privada ni, mucho menos, del Presidente; fue un error», dijo.
Esta sucesión de hechos cambió por algún momento el eje de la discusión social en Santa Cruz. No fueron, de todas formas, los primeros episodios relacionados con los riesgos de vida para Kirchner: el diputado Edgardo Depetri denunció en dos ocasiones un complot para atacar no sólo al Presidente, sino también a otros mandatarios sudamericanos. El mismo argumento de complot volvió a sostener hace diez días, cuando un grupo de docentes atacó a huevazos y enharinó a la hermana menor del jefe de Estado a la salida de un restorán en el centro de Río Gallegos, una amenaza que, según Hugo Chávez, también se cierne sobre él.
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