El manual del kirchnerista obediente contiene un capítulo, breve y agregado sobre la hora, que pronostica que la teórica renovación que inició Néstor Kirchner en 2003 y tuvo como paradas la Corte y las FF.AA. llegará a los municipios en la «segunda etapa».
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Es una explicación ociosa: el tester oficial, que surge de las encuestas que encarga, paga y lee la Casa Rosada, refleja que de los veintiséis municipios del conurbano «cercano», la percepción de «cambio de gobierno» se reduce a un puñado mínimo de casos.
De arranque, el primer enfoque detecta que de ese bloque -14 del conurbano norte; 12 del Sur- hay seis distritos donde hay una sola boleta del kirchnerismo: no se entrevé, salvo un tsunami, que en esos pagos la oposición pueda siquiera incomodar a los candidatos K. De los veinte restantes, en apenas media docena -siempre según las estimaciones, posiblemente erróneas, que se hacen en el gobierno- podría tener cambios de rumbo. Y, salvo en un caso, en todos los demás serían saltos de kirchnerismo a kirchnerismo.
Entre los que ranquear con mejores chances de cambiar el signo de su gobierno local aparece Sergio Massa, titular de la ANSeS, que se enfrenta en Tigre a Ernesto Cassareto, primo del obispo, que compite por el vecinalismo que por tres décadas ordenó el fallecido Ricardo Ubieto.
Massa es la gran «esperanza blanca K» para recuperar un distrito que desde 1983 está en manos de un partido local. Kirchner, su esposa y Daniel Scioli han pasado por Tigre para respaldarlo. Pero es una batalla incierta al punto que Massa no se desprendió de la ANSeS.
Si se impone, Massa protagonizaría otro hecho que se supone poco usual: sería el único cambio de signo político en un distrito del conurbano norte porque no se esperan novedades donde gobierna la UCR -San Isidro y Vicente López- ni donde manda el vecinalismo: Martín Sabatella en Morón.
En los demás territorios en disputa las pulseadas son entre kirchneristas, categoría que abarca radicales K -Gustavo Posse y Enrique García-, duhaldistas conversos y hasta un arista que se arrimó al calor K: Ricardo Ivoskus, de San Martín.
En la zona norte hay un distritoen disputa, según las mediciones, mano a mano. En San Miguel, el riquista Oscar Zilocchi se mide con Joaquín De la Torre, que fue recibido por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en la Casa Rosada.
San Miguel, municipio que protagonizó la extrañeza de ver a Aldo Rico pidiendo votos para la boleta de Cristina de Kirchner, aparece en el radar oficial como otro de los escenarios de posible cambio. Si ocurre, quizá los Kirchner lo disfruten con particular placer.
Hay que correrse hasta el otro lado del conurbano para seguir con el rastrillaje de eventuales renovaciones. En el Sur, la batalla más atractiva está en Lomas de Zamora donde pulsean el intendente actual, Jorge Rossi, Osvaldo Mércuri, el diputado Fernando Navarro y el funcionario del Ministerio del Interior, Pablo Paladino. Pero, en principio, la cinchada parece concentrarse entre Rossi y Mércuri.
Detrás aparece Navarro que, sin embargo, insiste con que tiene posibilidades «reales» de sorprender y quedarse con la intendencia. En Esteban Echeverría podría producirse un moderado cambio de signo. Allí gobierna Alberto Groppi, vecinalista con pasado brumoso -se lo vincula con el gobierno militar de los 70, cuando gobernó ese distrito- que sin embargo va colgado de la lista de Cristina de Kirchner.
Contra Groppi rema Fernando Gray y, más atrás, Norma Fernández. Acaso el vecinalista termine beneficiado por la dispersión del voto K. Paradojas de las tácticas que pergeña la Casa Rosada.
Otros destinos con ruido son Almirante Brown, donde volvió Jorge Villaverde, para retener un cetro que pretende Darío Giustozzi. También hay disputa, aunque los resultados parecen claros, en Quilmes entre Sergio Villordo y Francisco «Barba» Gutiérrez y en Berazategui donde Mario Giacobbet desafía a Juan José Mussi.
Hay que abandonar el conurbano profundo para encontrar otro ring de resultado en suspenso: en La Plata, según el prisma oficial, es de final abierta la carrera entre Julio Alak y Pablo Bruera.
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