Ernesto Barreiro (izq) y el ex presidente Raúl Alfonsín durante el encuentro en Campo de Mayo con carapintadas (der)
Hace 20 años, durante la Semana Santa de 1987, el ex mayor del ejército Ernesto Barreiro provocó el primer levantamiento militar desde el regreso de la democracia. El alzamiento se inició en rechazo a los juicios que se realizaban por delitos contra los derechos humanos durante el último gobierno militar.
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Tras más de dos años prófugo de la Justicia, Barreiro fue apresado hace días por Interpol en EE.UU. Lo detuvieron en el estado de Virginia cuando intentó renovar su "visa comercial" con la que se encontraba en ese país. La fiscal cordobesa Graciela López de Filoñiuk, que tiene a su cargo una investigación por la desaparición de un estudiante inició los trámites internacionales para pedir su extradición.
En las últimas horas, se conocieron informaciones que establecían que EE.UU. podría deportarlo por haber declarado que no tenía causas penales pendientes cuando ingresó en su territorio.
El 14 de abril de 1987, en los días previos a Semana Santa, Ernesto Barreiro originó el primer levantamiento carapintada. La acción militar se realizó en protesta por los procesos judiciales que se estaban iniciando por delitos y violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
Por ese entonces, Barreiro rechazó declarar ante la Cámara Federal de Córdoba que investigaba su actividad entre 1976 y 1979 en el centro clandestino de detención de "La Perla". Pensaba en su contra cargos de tortura y asesinato durante su labor como jefe de interrogatorios.
Ante su negativa la Justicia cordobesa decidió ordenar su arresto por parte de efectivos policiales. Más de 130 militares del Comando de Infantería Aerotransportada 14 del Tercer Cuerpo de Ejército, donde Barreiro se encontraba, se amotinaron y demandaron el cese de los juicios contra militares.
En los días siguientes, otras dependencias militares en varios puntos del país tomaron la misma actitud. En especial el regimiento de Infantería de San Javier, al mando del teniente coronel Aldo Rico, que se estableció en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Los militares sublevados, que por entonces comenzaron a se conocidos como "carapintadas", reclamaban la destitución del jefe del Ejército, el general Héctor Ríos Ereñú, y una solución política a los procesos judiciales iniciados.
Finalmente, el presidente Raúl Alfonsín se reunió con Rico en Campo de Mayo el 19 de abril y acordó las condiciones de la rendición. Barreiro huyó y fue capturado a los pocos días, pero quedó en libertad rápidamente.
En 2004, ya derogada la Ley de Obediencia Debida, volvió a ser convocado por la Justicia. Sin presentarse en los tribunales cordobeses, Barreiro salió del país poco antes de que se firme su pedido de captura.
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