La caravana de dieciocho vehículos, con más de 120 viajeros a bordo, atravesó medio país, desde la austral Río Grande hasta el porteño Bajo Flores. Tardó tres días en hacer ese recorrido; a la vuelta, agotarán otros tres -con sus noches-en el regreso al sur.
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Toda una travesía la de ese puñado de dirigentes y militantes del gremio de Camioneros que viajó desde la lejana Tierra del Fuego hasta la Capital Federal para celebrar bajo la lluvia, ayer, las dos décadas desde que Hugo Moyano controla su poderoso sindicato.
Desde Neuquén, Formosa, Salta o Santa Fe, por citar algunas de las numerosas columnas, otros contingentes se animaron a trayectos tediosos. Menos denso fue para los del conurbano: la mayoría de los 25 mil aplaudidores que se reunieron en el Deportivo Español.
El mérito de Hugo Moyano de reunir, al mediodía de un día de semana, esa multitud de «trabajadores camioneros», esconde un éxito: el jefe de la CGT, más tenaz que persuasivo, convirtió la asistencia de afiliados a su acto en, literalmente, un trabajo.
La regla es simple: los camioneros que ayer se arrimaron hasta el Bajo Flores gozarán del privilegio inédito de que el faltazo a sus puestos de trabajo, que en algunos casos se extenderá hasta por una semana, será religiosamente pagado por sus empleadores.
Así se pautó como mecanismo universal: los afiliados que asistieron al acto debieron fichar ante los delegados del gremio quienes, luego, pasarán una lista a las empresas. Si figuran en la misma, a fin de mes cobrarán su día de trabajo como si hubiesen trabajado.
Algunos, incluso, cobrarán extras: viáticos y tickets por alimento, más algún premio especial. Todo, afirman en el gremio, gentileza de los empresarios; una especie de contribución de la patronal a la felicidad de sus empleados moyanistas.
Identificación
Ese procedimiento explica, al menos en parte, por qué los camioneros fueron al acto con sus uniformes de trabajo. Una forma de identificar su pertenencia y su presencia allí. Por TV, cada empresario -alguno de ellos además dirigentes sindicales camioneros-puede haber chequeado dónde estaban sus empleados.
De la firma Cliba, de Benito Roggio, por caso, había numerosas columnas. «Los del turno mañana, de 4 a 7, trabajamos. Los de cúmulos -recolección de ramas-no: están acá y van a cobrar el día», explicó un trabajador de esa compañía de recolección de residuos.
La empresa que realiza esa tarea en Vicente López usó el mismo método: liberó a sus trabajadores para que participen de la fiesta moyanista. No les descontarán, les aseguraron, la ausencia. «Eso se acordó con los patrones», explicó un dirigente de Camioneros.
Lo mismo ocurrió con los fueguinos que perderán toda la semana en viaje. Cobran unos 150 pesos por día más presentismo y premios, cifra que redondea los 200 pesos diarios. La firma de recolección de Río Gallegos pagará esos jornales más viáticos y tickets.
Una compañía de transporte de carga de Bahía Blanca aceptó el mismo método y autorizó a sus choferes a faltar durante dos días que no les serán descontados. Jorge, un conductor veterano, contó que son 80 pesos la jornada más viáticos y vales para alimentos.
En tanto, una firma mediana de Hurlingham, prefirió directamente no trabajar: con una flota de nueve camiones para el reparto en la zona oeste, dictó algo así como «asueto» para que conductores y distribuidores puedan honrar las dos décadas de Moyano.
Otras empresas, además de pagar el día y viáticos, hasta «prestaron» sus camiones para el traslado de los afiliados. Una distribuidora de bebidas gaseosas de Loma Hermosa, por ejemplo, cedió dos vehículos para que los moyanistas lleguen hasta el Bajo Flores con sus bombos y sus petardos.
Si Moyano fuera marxista podría explicarlo como una ínfima, de entrecasa y ocasional, recuperación obrera sobre la plusvalía.
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