La crisis de las democracias occidentales, el deterioro del Estado de Derecho y el desafío de reconstruir la confianza en las instituciones fueron el eje de la exposición que Ricardo Lorenzetti brindó este miércoles en el Rotary Club de Buenos Aires. De manera elíptica, el magistrado pareció referirse por momentos al Gobierno, como cuando hizo mención a la dificultades de las clases medias y bajas de alcanzar mejores posiciones tras el fin del Estado de Bienestar, al cuestionar a la política por "ocupar lugares" o al sostener que "no necesitamos un César".
Desde ese diagnóstico global, el juez de la Corte Suprema analizó la pérdida de representatividad de los sistemas políticos, cuestionó los liderazgos personalistas, reclamó una profunda modernización del Poder Judicial y defendió el alcance de la sentencia que confirmó la condena contra Cristina Kirchner.
Sin hacer referencias directas al gobierno de Javier Milei, Lorenzetti fue hilvanando un análisis que por momentos encontró puntos de contacto con el debate político argentino. "Estamos viendo una fuga del Estado de Derecho en Occidente", afirmó al abrir su exposición. Según explicó, ya no sólo se cuestiona la eficacia de los gobiernos, sino la propia democracia liberal, mientras resurgen soluciones que parecían haber quedado atrás.
El magistrado sostuvo que el siglo XXI atraviesa "historias irrepetibles" y que las instituciones no lograron adaptarse a una sociedad transformada por la tecnología, la fragmentación política y nuevos desafíos económicos y ambientales. En ese contexto, advirtió que "hoy se cuestiona la democracia misma" y citó estudios según los cuales cerca del 60% de la población prioriza obtener resultados antes que preservar el funcionamiento del sistema institucional.
Lorenzetti atribuyó buena parte de esa crisis al agotamiento del Estado de bienestar. Recordó que durante décadas funcionó como un "padre protector", capaz de ofrecer movilidad social y permitir que amplios sectores de las clases medias y populares progresaran y concretaran sus proyectos de vida. Sin embargo, sostuvo que ese modelo dejó de cumplir esas expectativas.
"Fue un padre paralizado", resumió. Y agregó que hoy ese Estado aparece como un "padre enojado", incapaz de responder a las demandas sociales y cada vez más desconectado de la ciudadanía.
Esa pérdida de eficacia, sostuvo, terminó erosionando el propio Estado de Derecho. Describió un escenario en el que en numerosos barrios humildes la ley fue reemplazada por la lógica de la fuerza o por organizaciones vinculadas al narcotráfico, mientras los sectores con mayores recursos terminan resolviendo sus conflictos mediante mecanismos privados, generando una suerte de legislación paralela. "Hay menos Estado de Derecho", sintetizó.
En esa misma línea cuestionó el funcionamiento de los sistemas políticos. "Hoy es más importante la capacidad de veto que la capacidad de gestión", afirmó, y advirtió que buena parte de las dirigencias occidentales siguen intentando resolver problemas del siglo XXI con herramientas del siglo pasado.
También rechazó las respuestas sustentadas exclusivamente en liderazgos fuertes. "No necesitamos un César", sostuvo, al tiempo que recordó una vieja frase según la cual "el sufragio universal genera sufrimiento universal", para ilustrar hasta qué punto incluso los principios básicos de la democracia comenzaron a ser puestos en discusión.
Una Justicia independiente y menos politizada
Ese diagnóstico sobre la crisis institucional incluyó una fuerte autocrítica hacia el Poder Judicial. Lorenzetti afirmó que la demanda social crece de manera sostenida mientras la Justicia continúa funcionando con estructuras que ya no responden a esa realidad. "El Poder Judicial no está bien. Necesitamos actualizarlo", sostuvo.
Como ejemplo mencionó la implementación del sistema acusatorio. Si bien destacó que la reforma comenzó a ponerse en marcha, advirtió que la Procuración carece de los recursos necesarios para hacerla funcionar plenamente, por lo que reclamó discutir una verdadera independencia presupuestaria y regulatoria del Poder Judicial. Además, cuestionó la forma en que históricamente se construyó el poder dentro de la Justicia.
"La política ya no es transformación, es ocupación de espacios. Esta instauración de gente de confianza, de amigos... terminar con esto es fundamental porque finalmente no da resultados", afirmó, al reclamar una despolitización de la gestión judicial y un sistema basado en el mérito antes que en las afinidades personales o políticas.
Para Lorenzetti, esa independencia constituye una demanda social. "La Justicia no tiene que buscar aprobación; tiene que buscar prestigio", agregó, antes de insistir en que el principio de legalidad debe seguir siendo el eje del Estado de Derecho.
Cristina Kirchner y la respuesta a la ONU
Sobre el final de la charla, Lorenzetti fue consultado por la situación judicial de Cristina Kirchner, luego de que el Comité de Derechos Humanos de la ONU emitiera una recomendación vinculada a su condena. El juez descartó que exista margen para reinterpretar el fallo del máximo tribunal.
"Cada cual puede decir lo que quiera. La Corte dio su opinión", respondió. Luego realizó una precisión de carácter técnico sobre el alcance de esa decisión. "Se confirmó la pena. No hubo planteo de la inconstitucionalidad de la inhabilitación", explicó.
Con esa respuesta defendió la actuación de la Corte Suprema y buscó dejar en claro que el tribunal resolvió los planteos que llegaron a su conocimiento, ratificando la condena y la inhabilitación para ejercer cargos públicos en los términos en que fueron revisadas.