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23 de agosto 2007 - 00:00

Esperable personalismo termina favoreciendo al gobierno

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Mauricio Macri
ENTRE EL ALIVIO Y LA MORTIFICACION

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Mauricio Macri duda entre el alivio y la mortificación. La alianza entre Elisa Carrió y Ricardo López Murphy le da una coartada para evitar jugar con fichas propias en la presidencial del 28 de octubre. Cumple lo que dijo en la madrugada de su triunfo en el ballottage, apenas signos pero apoyo a nadie en esa pelea. Asume el destino municipal y clausura la vida partidaria. Se le van radicales con la Coalición, que ya puso como límite cualquier entendimiento con él. Los recogen CarrióLópez Murphy con una ambulancia que suma a los derrotados por el alfonsinismo en la última interna de la UCR porteña, que repudian el apoyo a Roberto Lavagna. Los había abandonado antes él cuando apenas ofreció un cargo en la nueva administración al lopezmurphismo (la Procuración para Pablo Tonelli) y no más de siete cargos sobre 24 entre los legisladores electos. «No hay cogobierno con Recrear», se ocupa de aclarar sobre esa relación.

Los peronistas del PRO están en lo mismo. Legisladores como Daniel Amoroso, Diego Santilli o Cristian Ritondo (electo) reciben la misma impugnación que Macri para estar en la Coalición, pero la abstención de su jefe en las elecciones nacionales les quita destino nacional. Los tientan hoy sus amigos del peronismo lavagnista, que desesperan cuando ven que casi 50% del voto radical de la última elección porteña migra seducido por los cantos de Carrió. Tampoco ellos han sido convocados a audicionar en el casting que lleva adelante Macri en las oficinas de la calle Alsina para elegir funcionarios para el nuevo gobierno. El nuevo jefe de Gobierno cree que ya cumplió con los políticos y que tiene que seleccionar gente entre expertos sin militancia ni compromisos de banda. Eso los empuja a estos peronistas más a buscar algún amigo con boleta nacional que si no es Lavagna puede ser hasta el peronismo disidente que en estas horas arma la candidatura de Alberto Rodríguez Saá.

NO JUGAR LA NACIONAL YA PERJUDICO A OTROS

¿Le funcionó antes a algún dirigente porteño exitoso alambrar la Capital y huir de la pelea nacional como mecanismo de protección? No en el caso de Gustavo Béliz, ganador en dos elecciones de más de 20 bancas de legisladores y convencionales. Dejó pasar la elección nacional de 1999. Cuando quiso acordarse era tarde, se había licuado su militancia, que había decidido un nuevo rumbo en aquella elección que cambió el signo político del país. Intentó la revancha con Domingo Cavallo, perdió; terminó peleando en la Justicia una banca de senador en 2001 contra Alfredo Bravo y sólo tuvo un cuarto de hora en el primer momento del kirchnerismo, con su desgraciada gestión como ministro de Justicia.

No le fue mejor con el ardid de quedarse en la guarida del distritoa Aníbal Ibarra. Jugó en todas las divisiones de la Alianza UCR-Frepaso, y cuando quiso acordarse no tenía apoyo legislativo alguno. Su último mandato lo inauguró con apenas tres legisladores y pagó caro el encasillamiento en el distrito cuando debió defender el puesto ante el juicio político que lo llevó a la casa.

Distrae mucho el paroxismo que gana a los dirigentes y los partidos en las horas previas al cierre de listas. Movimientos que parecen no tener mucho sentido se entienden cuando se ve la foto posterior al cierre.

¿Cómo hará Macri para lograr la mayoría en la Legislatura si pierde el apoyo de los siete lopezmurphistas? Quedaría por debajo de la mayoría absoluta que necesita para poner autoridades de la Cámara y para el voto de cuestiones clave, como es la creación de la Policía porteña, un proyecto que -de paso- parece tener más riesgo que ventajas. No hay corazón más elástico en la república que el de Elisa Carrió -y más cuando le ponen enfrente un apellido patricio, un Bullrich, por decir-; pueden levantarse apuestas para calcular cuándo se armará el interbloque antimacrista con la gente de la Coalición, el kirchnerismo y lo que queda del telermanismo.

PARA QUIEN TRABAJA EL PJ POTRERISTA

Si como todo indica en estas horas ya ha estallado ese sueño que fue el panperonismo opositor a los Kirchner, con Alberto Rodríguez Saá de candidato, Ramón Puerta recluido en Misiones y Jorge Sobisch insistiendo con candidatura aparte, nadie festejará más que el gobierno nacional. Que este sector no pueda sindicarse en un solo candidato les quita de enfrente a los Kirchner la amenaza de una colectora de votos de millones de militantes que no digieren el liderazgo pingüino, especialmente en lo que queda del Partido Justicialista. La vieron a Cristina de Kirchner y a su marido reprimiendo el gesto cuando todos escuchaban la marchita en el teatro Auditorium en el lanzamiento de Daniel Scioli. Les molestó tanto como a los radicales que ella festejase por adelantado un triunfo peronista en Mar del Plata, en donde el peronismo nunca ha ganado. ¿Adónde irán esos votos si ven que se fragmenta el frente «potrerista» en por lo menos dos listas (R. Saá y Sobisch que, aunque no es peronista, junta peronismo)?

Ese voto tampoco se entusiasma con ponersedetrás de Roberto Lavagna, empapado de un radicalismo que les resulta extraño, tanto como Kirchner. Este escenario en el peronismo gravitaría en una merma de los votantes, algo en lo que confía el kirchnerismo, que domina los bolsones de voto cautivo del conurbano que pueden alimentar una victoria de Cristina de Kirchner sin necesidad de un ballottage. Con la dispersión del peronismo anti-K, la salida de López Murphy de la pelea y un Lavagna que pierde peso en las adhesiones preelectorales, el oficialismo recupera el modelo de la polarización que buscó con Macri, para hacerlo ahora contra Carrió. Y en la polarización es donde puede crecer esa idea del triunfo sin segunda vuelta.

Ignacio Zuleta

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