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Desde luego, los enviados de Tinelli fueron los únicos privilegiados que lograron franquear el Rubicón del despacho presidencial: Kirchner suele recibir a todos los demás periodistas en antesalas. Y tampoco se había visto antes, en tiempos de descrédito político, que un mandatario fuera besado, tuteado, y hasta que se dijeran palabrotas en la conversación, además de reservarle unos breves segundos (a cara seria, fugazmente) para el mensaje de fe «a todos los argentinos». Esta fue, aunque mucho más audaz de su parte, la segunda vez que Kirchner bromea de esa manera en un programa de humor. Antes lo había hecho en «CQC», de Mario Pergolini, otro espacio que tanto lo mimó durante el año. Informate más
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