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Es que Hugo Moyano, José Luis Lingieri y Juan Manuel Palacios (casi un adjunto del jefe camionero y especie sucedáneo travestido de la Rueda) se olvidaron de notificar a la mujer (o directamente no la invitaron) para la reunión con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Transcurrió la charla, basada en la discusión sobre la creación futura del consejo por el salario mínimo y vital, hasta que se indignó Moyano porque la Rueda, al enterarse del cónclave, intentó participar de la reunión. Para no rozarse siquiera con el elemento femenino que pretendía ingresar al grupo, tanto gobierno como jefes de la CGT optaron por suspender su propio debate y pasarlo a un cuarto intermedio. Es de imaginar el mal humor de las partes por concluir repentinamente la reunión, y debe constar también la serena indignación de la Rueda, quien nunca manifestó ni reveló la forma en que había sido postergada.
Tanto secreto de empresarios y gremialistas por la tertulia pasa no tanto por excluir a la Rueda sino por celebrar un mínimo acuerdo de partes y, después, acercarlo al gobierno para que lo refrende. No desean, en apariencia, que sea la Administración Kirchner la que imponga pautas y agenda, como suelen asegurar que así será ciertos medios oficialistas. También, en este caso, los participantes concluyeron en un cuarto intermedio -la próxima semana se citarán ya en forma institucional y sin la presión de que la Rueda tratara de ingresar y firmaron los siguientes puntos a cerrar:
• acordar canasta y salario mínimo;
• establecer un básico vinculante sólo para los que menos ganan;
• los sectores discutirán más tarde otro tipo de asignaciones, premios o aumentos;
• fijar condiciones sobre «competitividad», que incluyan también el costo argentino: sea el energético, el financiero o las comunicaciones que también restan productividad;
• también analizar un informe sobre «trabajo en negro», tema que jurarán combatir pero sin saber aún qué armas utilizar.
En suma, este avance acuerdista entre UIA y CGT (al que se unirán otras organizaciones empresarias) apunta a sostener una institución sobre otra, servir al gobierno sin concederle el protagonismo, y con el fundamento de clausurar un salario mínimo (todavía sin plazo fijo de renovación) que nadie puede dejar de ganar pero con libertad para discutir en otras escalas. Y, sobre todo, lo que ambas agrupaciones pretenden es lograr un pacto marco para que no haya excesos en las discusiones salariales, como ha ocurrido hasta ahora (caso telefónicos, subterráneos o Banco Central), las comisiones internas no desborden a los sindicatos ni alteren cierta paz social en las empresas. Finalmente, para que no estallen paros imprevistos o demandas de 80% de incremento que luego se bajan a 19%. Como se verá, el mismo sueño que desvela a Roberto Lavagna en Economía, por no hablar de Kirchner a pesar de que a él no debe gustarle que su dama preferida de la CGT sea prescindida de todos estos eventos. Aunque si se consagra el gran acuerdo, al Presidente le van a gustar más los hombres, tal vez gordos y cetrinos como Méndez y Moyano.
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