El agravamiento del escenario el viernes pasado luego de que el ex ministro de Gobierno, Daniel Varizat, atropelló a una veintena de personas en medio de una manifestación obligó a Néstor Kirchner a dejar rodar la cabeza del jefe de la Policía, Wilfredo Roque.
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Kirchner había sostenido con clásico estoicismo a Roque -un hombre de su extrema confianza- en los últimos meses, pese a que arreciaban las críticas contra el capitán de la Policía tras los incidentes de mayo pasado en la convulsionada capital provincial, que derivaron en la renuncia del mandatario Carlos Sancho.
El jefe policial asumió el cargo en 1991, cuando Kirchner llegó a la gobernación. Durante ese tiempo fue consolidándose como una pieza estratégica para Kirchner, a quien le reportaba con informes todas las mañanas en la gobernación.
Desde allí debió pilotear tensos operativos en el marco de los recurrentes conflictos locales, entre ellos los desatados tras el crimen del policía Jorge Sayago, en febrero de 2006, que terminaron por empujar a Sergio Acevedo a su renuncia un mes después.
A fines de 2003, con la asunción de Acevedo, Roque fue ascendido a titular de la delegación provincial de la Secretaría de Inteligencia (SIDE) por pedido expreso de Kirchner. Sin embargo, en octubre de 2005 -previo a las elecciones legislativas- una nueva rebelión policial forzó el retorno de Roque como jefe policial en reemplazo de otro funcionariocuestionado, Hugo Llamazares. Hasta su renuncia, el ex jefe de la Policía santacruceña contaba con un minucioso conocimiento de todo lo que ocurre en la provincia. Es el único que mantenía un canal de diálogo directo con las fuerzas de Gendarmería que inundan la tierra del matrimonio Kirchner.
Fue Roque el que comandó las diversas avanzadas de la Infantería contra los manifestantes que varias veces intentaron burlar la guardia apostada frente a la casa de los Kirchner en Río Gallegos. La última intervención de las fuerzas de seguridad, incluso, dejó varios heridos y marcó el debut en tierras patagónicas del recientemente ascendido comandante Roberto Caserotto, que no arrancó con el pie derecho.
El jefe de la Policía tenía la orden expresa de la Casa Rosada de evitar con el apoyo de la Gendarmería desmanes y la toma de edificios públicos y de la residencia oficial.
En el frente interno, Roque debía mantener apaciguados los ánimos de la Policía provincial, la peor paga del país, que protagonizó una decena de autoacuartelamientos en demanda de subas salariales.
Doble agente
Pese a las explicaciones oficiales, este ítem ayuda a comprender la presencia permanente de los casi seis mil gendarmes que inundan las calles de Gallegos, ante el temor de que las fuerzas policiales dejen de cumplir su función en el momento más intrincado que vive Santa Cruz en los últimos 50 años.
También hacia adentro, el ahora ex jefe de la Policía debió lidiar con el malestar que engendraba entre sus colegas el doble cargo de haber sido titular de la SIDE local. Esa situación -que se mantuvo hasta 2005- lo había transformado en una suerte de doble agente con funciones para controlar a la Policía y, a su vez, a los responsables de ella. Precisamente esa doble función lo hizo blanco de sospechas:
«Si Wilfredo admite que tomaron el jardín presidencial por desidia de los servicios de inteligencia o de la Policía, en todos los casos cae en la volteada. Por eso oculta mucha información y sobre todo le baja densidad, cuando acá vemos que lo que hay es un principio de incendio latente», sostienen en Santa Cruz.
Ayer, el ministro de Gobierno santacruceño, Pablo González, afirmó que la renuncia del jefe de Policía no fue una «consecuencia necesaria» del incidente que protagonizó Varizat.
«Es una medida, muy particular, que forma parte de un contexto que está viviendo la ciudad de Río Gallegos», indicó el funcionario.
«El hecho del viernes fue protagonizado por una persona que no es funcionario del gobierno provincial, lo cual quedó aclarado en la conferencia de prensa del gobernador», resaltó González.
Insistió en que «el ex ministro Varizat está sometido a lo que resulte de la causa penal que está instruyendo el Juzgado Penal Nº 2 y la renuncia del jefe de Policía en una coyuntura general».
Además, González abogó por que «vuelva la normalidad a Río Gallegos». Algo que, por ahora, asoma lejano.
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